por badbenjaz » Jue Sep 04, 2008 4:12 am
[align=center]Un Destello a Medianoche.[/align]
[align=center]Gritos de guerra…
Uno tras otro.
Los ataques mortíferos.
La sangre derramada.[/align]
Los golpes son cada vez más violentos con el continuar de la batalla, los contrincantes sacan a relucir lo mejor de sí.
[align=center]Un jutsu.
Una ilusión.
Un corte.
Un golpe bien encajado.[/align]
Los sonidos de kunais chocando se repiten incesantes.
La energía de los peleadores es visible.
La intensidad del combate mina sus fuerzas con cada minuto que pasa.
Ambos guerreros están al límite, el próximo ataque podría ser el último.
Todo termina en segundos.
Su cuerpo no lo soporta más.
El deseo de lucha sigue presente pero la carne sede.
Sus ojos lentamente se cierran.
Su pecho exhala un suspiro.
Los brazos se tornan pesados.
Los pies dejan de soportarle.
Una sonrisa enmarca su rostro.
En un instante el dolor le abandona, el final parece inminente, una extraña tranquilidad le aborda y… todo es silencio y luz intensa.
Sonidos lejanos.
Uno a uno los sentidos se agudizan.
Con dificultad los parpados reaccionan intentando abrirse.
Súbitamente los dolores regresan.
No hay paz, no hay tormento.
La razón le es obvia.
Aun no ha muerto.
El entorno se vuelve mas claro.
Al recuperar la consciencia su vista se concentra en algo.
Algo conocido.
Algo muy familiar.
En toda su vida nunca podría olvidar aquellas únicas esmeraldas.
Esas que en varias ocasiones le hicieron sentirse querido.
Cuantas veces no había presenciado aquellos ojos mirándole con tanto afecto.
Sin embargo. Esta vez la imagen no es la esperada, esos preciosos ojos verdes no reflejan un solo trazo de cariño.
Su mirada es seria y fría.
Un destello de odio, uno más de lastima.
Una lágrima traidora intenta escapar cuando desvía esa mirada hacia el otro extremo de la habitación.
Con un esfuerzo sobre humano el herido intenta buscar aquello por lo que la chica sufre.
[align=center]En ese momento desea acabar con su existencia.[/align]
Allí, en la cama adyacente, en ese triste cuarto de hospital, el espíritu de un joven agoniza.
Maltrecho, sangrante… y tanto daño le harían irreconocible, de no ser por esos inmortales cabellos rubios sus ojos tan azules y profundos ahora apagados y esa sonrisa tan amplia en su rostro.
En un hospital, en la aldea escondida entre las hojas, Naruto Uzumaki se debate entre la vida y la muerte.
Un nudo en la garganta le asfixia.
Su estomago parece caer al vacío.
Su corazón quiere detenerse.
El sudor frió corre por su rostro.
-¿Por qué?-Es la única pregunta que formula su cerebro.
La pregunta es repetida por una voz femenina, una voz que anhelaba escuchar desde hacia ya mucho tiempo.
Es repetida una y otra vez con un tono de dolor y odio mientras una mirada fulminante penetra en el alma del herido.
Siente la boca muy seca.
La punzada en el pecho es terrible.
Desearía arrancarse la vida si con ello salva la del otro.
Al fin esas esmeraldas dejan de atacarle.
Se ha separado de su lado y lentamente, como si apenas pudiera andar, se acerca a la cama del rubio.
Le ha visto tomar su mano.
Un afilado cuchillo se posa en su corazón al oírla murmurar entre sollozos…
-No mueras… por favor, no me dejes sola… aun no te he dicho que eres al único que amo-
Las heridas importan poco después de esto.
Difícilmente logra ponerse de pie y se escabulle del hospital con la sombra nocturna como aliada.
No sabe que decir, ni pensar, ni siquiera tiene idea de a donde se dirige.
Sus pasos le llevan al único lugar que más recuerda....
En el que comenzó todo....
Con una terrible aflicción, una vez más la joven ha huido de la escena.
El hecho de continuamente recordar lo que vio la hace caminar más rápido, intentando dejar tras de sí su dolor.
Un terrible día como tantos.
Los entrenamientos crueles e inútiles a los que la somete su padre.
El cumplimiento de misiones con bajo nivel por la poca confianza que le tiene su equipo.
El odio que la mitad del clan siente por ella.
El mal de amores que desde pequeña le acoge.
Una simple esperanza prometía alegrarla, una noticia.
Al fin había vuelto.
(Flash back)
Esta vez no dejaría pasar la oportunidad. Reuniendo todo el valor que pudo se dirigió con paso seguro hacia el hospital.
Solo tenia que decírselo, tal vez el también sentía lo mismo o tal vez después de oírla Él le prestaría mas atención y con mucha suerte… terminaría prendado de ella.
Al llegar a la habitación, encuentra la puerta abierta y lo que presencia la deja pasmada.
Frente a ella Haruno Sakura dormita sentada en una silla.
Junto a su cama.
Sin soltarle la mano al joven…
Un agonizante Naruto débilmente exhala unas palabras que destruyen la esperanza de la chica.
-Sa…Sa… Sakura…-chan, al… al fin lo conseguí, cu… cum.. pli mi pa…la…bra po… rque te… te… amo.
La chica piensa que no podría haber algo peor, que la vida no es capaz de ser más cruel con ella…
La joven de cabellos rosados se despertó con las palabras de su amado. No cabe de gozo, se abraza tiernamente a Él mientras le besa cuidadosamente.
Confesándole sus sentimientos en un mar de lágrimas.
Son tan felices que nunca se dieron cuenta de la presencia de aquel testigo ni tampoco cuando salió corriendo de allí.
Con un terrible golpe de gracia la vida le había demostrado lo sádica que puede ser.
(Fin de Flash Back)
Con un paso que da.
El recuerdo se hace borroso.
Con el siguiente… vuelve para atormentar su dolido corazón.
Lamentablemente el caminar es lo único que le permite su mente y solo se da cuenta de su posición cuando el camino se acaba y fría humedad recorre una de sus piernas.
Agregándole a su pesar por poco cae de un pequeño muelle y sintiéndose triste torpe e inútil se limita a sentarse en su orilla mientras pequeñas gotas de lluvia brotan de sus ojos y recorren sus mejillas...
Cuanta tranquilidad…
Ese lugar siempre sirve para pensar.
Suprimiendo sus sentidos…
Acallando a su mente.
Como a todo humano, el tiempo se le acaba, su pecho grita por la necesidad de aire en sus pulmones.
La decisión es difícil…
El dolor no le quiere abandonar, su meta ya esta cumplida y su existencia parece no tener algún sentido.
Se torna tan sencilla la opción de permanecer allí, esperando la muerte.
Agotando su vida…
El deseo de vivir ataca. El valor de enfrentarse al destino incrementa.
Una desconocida esperanza invade su alma.
El leve abrirse de las aguas produce un ligero sonido al partir la superficie.
La luna llena, en todo su esplendor, ilumina las pequeñas olas del lago.
La chica no puede detener su llanto.
Cada vez que lo intenta, la escena regresa tan nítida que sus ojos vuelven a empañarse.
Queriendo no pensar ya más, se obliga a observar los cuerpos celestes, pidiendo a cada uno el poder del olvido.
Tan concentrada esta en las estrellas, que no se percata de que unos ojos, se posan en ella....
Sobre la superficie del agua....
Un infarto casi le acabe por aquella sorpresa.
Alguien invadía, lo que de alguna forma sería su santuario.
Las ideas fluyen formando teorías una cada vez mas irracional que la anterior.
Su corazón salta de alegría al darse cuenta que se trata de una joven.
Puede que lo haya perdonado.
Tal vez recordó cuanto le amaba.
-que estupidez la mía-se dice enojado.
Su ilusión se sumerge hasta el fondo cuando las nubes se despejan e iluminan claramente el rostro de la chica.
-Es alguien conocido- comienza a formular en su cabeza.
Cientos de nombres y rostro pasan fugazmente frente a sus ojos, intentando descifrar el acertijo.
-¡Lo tengo!- se dice.
El débil recuerdo de una jovencita, siempre espiando a Naruto.
Tras la esquina de un muro o un árbol, admirando tan temerosa y apenada.
Sin dejar de adorar al rubio. Mirándolo con tanta intensidad como su amor.
Aquella joven le parecía tan transparente.
Sobre aquel viejo muelle, a la orilla del agua, se encuentra Hinata Hyuga… o al menos ese recuerda que es su nombre.
El Enojo comienza a cubrir su alma al observarla claramente.
Esa chica…
Tantos años de soñar, su regreso, tantos meses anidando la esperanza de volver a sus amigos, el arrepentimiento que siente a cada instante por sus errores con una joven que le amaba.
La triste esperanza de volver y enmendar sus errores, de prometerse recuperar el tiempo perdido, de convencerse de que su amor le pertenece.
Y ahora…
Esa chica…
Tan sola.
Tan deprimida.
Tan delicada.
Tan…
Hermosa.
¿Como era posible que ella, a quien poco recuerda, le haga sentir tan conocida y a la vez, tan triste?
Unos bellos y claros ojos, en los que se refleja el esplendor de las estrellas.
Bañados en lágrimas.
Nadando lentamente, acercándose poco a poco a ella, él no sabe que le motiva pero algo en su interior le incita a hablarle.
- Ho...!HOLA!- Una extraña sensación le impide hablar con claridad lo que provoca que de un impulsivo grito.
En aquel muelle. Una delgada silueta se alza sorprendida, un terrible golpe en la orilla se deja oír y el tranquilo ondear de las aguas se interrumpe cuando la joven cae dentro de ellas.
El pánico corre por todo su cuerpo.
La adrenalina le permite reaccionar rápido.
Sujetándola nada con todas sus fuerza de vuelta a la orilla.
Otra culpa más, si la joven llegase a morir…
Con desesperación aplica una y otra vez la respiración de boca a boca.
Difícilmente puede explicar lo que le sucedió.
Sumida en su tristeza, admirando al cielo nocturno, y de repente un grito proveniente de quien sabe donde. La asusta, hace que sienta una terrible punzada en la cabeza y luego…. No puede recordar más.
Si existiera un rojo tan intenso como el del rostro de la chica, debería llevar su nombre.
Al vencer a la inconciencia, lo primero que ve es a un extraño acercándose para… ¿besarla? y él al percatarse de que ha despertado, inmediatamente se retira.
La joven konoichi se enfada consigo misma.
No por haberse asustado tan fácilmente, ni por haberse quedado inconsciente, sino por que habiendo preguntas mucho más coherentes, la que se hace es la más tonta que cree.
-¿Por qué ha dejado de besarme, acaso soy tan indeseable?- Se interroga, maldiciéndose por pensar en ello, aunque la verdad aquel sujeto es para nada feo.
Su cuerpo comienza a temblar.
El frió la hace darse cuenta que se encuentra empapada de pies a cabeza.
Amablemente el extraño le ayuda a ponerse de pie preguntándole si se encuentra bien y le pide que lo acompañe.
Pensando en su helado cuerpo y menos en su seguridad, lo sigue hacia un sitio que ella conoce muy bien, pero al llegar a su destino, se queda sin palabras.
-De vuelta en casa- Le oye murmurar sin emoción, mientras abre las inmensas y pesadas puertas de lo que en su tiempo fuera, la bella mansión del clan Uchiha.
Con razón aquel individuo le pareció tan familiar.
A pesar de todas las heridas que tenia y los enormes hematomas, puede distinguir el atractivo rostro de quién alguna vez fue el compañero y amigo de su amado.
Sin saber que hacer o decir cuando la vio despertarse, piensa que lo mejor es asegurarse de que se encuentra bien.
Observándola y buscando algún daño en ella, decide llevarla a un lugar donde pueda secarse y descansar. La primera opción es llevarla a casa pero no quiere causarle más problemas con su familia.
-Que pensaran si la ven con un tipo como yo en este estado-analiza viéndose las ensangrentadas y mojadas ropas de hospital que lleva.
El lugar más cercano es el más indeseable para el y aun así decide que por lo menos es un refugio y ya lidiaría después con sus recuerdos.
Al entrar en aquella mansión las fantasmas de su pasado lo atacan incesantes e interminables.
Intentando salir de ellos, posa toda su atención en la chica que le sigue y que con mirada curiosa inspecciona cada rincón de la casa.
El lugar se encuentra increíblemente descuidado a excepción de una pequeña sala con una chimenea.
-Una débil sonrisa le aborda y concentrando chakra en sus pulmones prende fuego a unos viejos leños bajo la chimenea.
Hinata con otra débil sonrisa se acerca al calor intentando mitigar el frió en sus manos.
-Por favor aguarda aquí un momento, intentare encontrar algo para secarte- Le solicita con tono de pena.
Recorriendo rápidamente las habitaciones de la enorme casa, encuentra algunas viejas y familiares prendas que ya creía perdidas y regresa aun más rápido a entregarlas a la pobre que en esos momentos se frota frenéticamente las manos y tiembla sin cesar.
Un profundo y tierno gracias brota de los labios de la chica e instantáneamente se torna carmesí de nuevo haciendo que el rostro del otro se tiña igual al percatarse de su causa.
Dándose media vuelta y arguyendo que también necesita algo para él, se retira para que la joven pueda cambiarse.
-¿Por que me he puesto así por esta tontería?- se pregunta el al alejarse de allí.
Realmente no sabe lo que le ocurre, de un momento a otro los sucesos cambian direcciones.
Primero aquella fatídica pelea, luego una decepción amorosa y la culpa de herir a quien siempre considero su mejor amigo todo por culpa de su cobardía. Ahora, se encuentra en el último lugar que desearía pisar y con una chica que apenas conoce; sin embargo, a pesar de lo embarazo de la situación, lo que más le preocupa es el efecto que ella tiene en su persona.
Esa pequeña sonrisa que le regaló es suficiente para que el rubor cubra su cara y el verla sonrojarse también, basta para que agonice de ternura.
Degustando las recientes emociones y terminando de coger algunas cosas, vuelve a ella, sin dejar esta vez, de recordar sus sentimientos por cierta pelirrosa.
De conocer la receta para olvidar su dolor. Sabría perfectamente que el ingrediente Principal era una sonrisa de aquella joven que yace junto al fuego.
Ella luce tan bella y femenina, envuelta en un kimono ajustado que realza todas las cualidades de su cuerpo.
Anonadado por aquella visión, cae torpemente con el montón de cobertores que lleva en las manos.
-¡Bien hecho idiota, esta vez hiciste una buena impresión!- se reprende.
-Ettooo… mira, siento mucho haberte causado tantos problemas- El rostro del joven asemeja el color de las brasas.
-Po…Por fa…Favor, pasa aquí la noche mientras se seca tu ropa, p…ponte cómoda, estas en tu casa- Ahora se muerde fuertemente el labio, reprimiendo su perfecta imitación de Naruto.
-Discúlpeme a mi Uchiha-san, yo soy una tonta, no debí asustarme de esa manera… Pensara que soy una pésima konoichi ¿no?- responde tímidamente ella y de nuevo las lágrimas amenazan con invadirla.
La tristeza que irradia es tanta que él puede sentir parte de ella.
-E…espere, le suplico que no se vaya, no me deje aquí sola- alcanza a gesticular la chica al verlo darle la espalda y caminar hacia el vestíbulo.
La mirada de ambos se cruza. Sin necesidad de palabras se dan una idea del dolor del otro.
Ninguno sabe que hacer, se dejan una vez más controlar por los sentimientos.
Un abrazo es más que suficiente para confortarse.
Ambos cierran los ojos intentando contener el llanto y sentándose a la luz del fuego, relatan sus historias.
Sin soltarse por un segundo las manos.
Dos extraños unidos por el dolor
Poco a poco, abren sus corazones intentando mitigar el sufrir del otro.
La luz cegadora del amanecer, cual espía invade aquella mansión, entrando por ventanas y debajo de las puertas.
Las dos figuras continúan en el antiquísimo y mullido sofá, el cansancio logro vencerla y ahora duerme placidamente sin dejar de abrazar al otro. El se limita a permanecer en silencio, velando su sueño, poco le importa ya saber la causa de este destino y teme alejarse de ella, la única persona que entendió su dolor, que compartió sus lágrimas y sus secretos.
Una sonrisa llega a sus labios al remembrar la platica de anoche, si mal no recuerda, le platicó que su viejo amigo seguía vivo y ahora el y Sakura se aman abiertamente y exactamente eso le devuelve al abismo.
No se siente digno del amor de aquella joven a quien muchas veces lastimó y de todas formas el dolor continúa apuñalando su alma aunque se siente feliz por saber al otro fuera de peligro.
-Eso ya no importa-Se dice inseguro pero al sentir el rostro de su compañera cerca de su pecho disuelve toda duda.
Todo peso, toda culpa, cada herida, son insignificantes cuando Hinata abre los ojos mirándole fijamente.
Como dos tontos enamorados, los dos se separan inmediatamente agobiados por la pena y el rubor de sus mejillas, curiosamente. No dejan de tomarse las manos.
-Me parece que deberías volver a casa… estarán preocupados por ti- Dice el joven Uchiha contra su voluntad.
-¿Acaso he hecho algo mal, le molesta mi presencia Uchiha-san?- cuestiona la joven con su timidez característica.
-N…. ¡No!, absolutamente, pero no quisiera causarte mas problemas…aquí eres bienvenida cuanto lo desees- termina por responder atropelladamente.
-¿De verdad?- vuelve a preguntar Hinata con un destello en los ojos.
-Desde luego. Te debo tanto, de no ser por ti ayer me habría matado- Agrega con una sonrisa bastante sombría.
-Y de no ser por usted, me habría ahogado, aunque pensándolo bien, todo es su culpa- exhala la chica con una expresión juguetona en su rostro.
-So... ¡Solo bromeaba!- añade rápidamente al verlo palidecer.
Una parte de él rebosa de gusto al verla comenzar a bromear y otra casi revienta al ver lo tierna que luce cuando sonríe.
-U…Uchiha-s…san, qui… quiero pedirle un favor- La voz de la joven casi se quebranta de tan débil que suena.
La noticia de que Naruto Uzumaki y Sasuke Uchiha han vuelto se esparce como plaga por toda Konoha.
Sorprendiendo, alegrando o molestando a mucha gente, por un lado unos desean que el poder que poseían los Uchiha regrese, por otro lado algunos temen y/o desconfían de él comparándolo con el famoso Itachi del mismo clan.
Por parte de Naruto. Nadie esta feliz de su regreso a excepción de quienes en verdad le conocen, a los cuales invade la ira al leer los encabezados de los periódicos.
“El terror vuelve a Konoha, un demonio ha regresado”
“La maldición de la aldea aun no muere”
“El monstruo invade nuestras calles”
Y otros mas haciendo referencia al Kyubi que posee Naruto a pesar de que les esta prohibido mencionarlo a todos en la aldea, las sugerencias, indirectas e insultos atacan únicamente hacia el pobre jinchiraku.
En un arrebato de ira genuina, la hokage ordena terribles castigos hacia los responsables. Dejando de lado la desaparición del Uchiha en el hospital.
El correr del agua crea un sonido muy relajante.
Aun meditando lo sucedido en los últimos días, una voz muy familiar lo sacan de sus pensamientos.
-Sabia que te encontraría aquí tarde o temprano- Escucha decir a Naruto Uzumaki.
-¿Cómo es que siempre sabes como hallarme?- instiga el heredero del legado Uchiha.
-Solo lo sé, no preguntes como pero este lugar parecía el mas indicado, aquí nos conocimos ¿recuerdas?- responde el otro débilmente, tosiendo sangre.
-¿Como es que Sakura te dejo salir del hospital?, estas casi muerto- vuelve a preguntar Sasuke, a la vez que ayuda al rubio a sentarse.
-No tienes ningún derecho de regañarme, estas peor que yo, solo te haces el fuerte, yo estaré bien, aquí este amigo no me dejara morir-Refuta palmeándose el estomago haciendo alusión al demonio que en él habita. -además ya tengo una buena razón para vivir- Continua el joven esbozando una amplia sonrisa.
Sasuke sabe perfectamente que esa razón, tiene forma humana y es exactamente la misma que el creyó tener hace tiempo.
-Naruto… quiero disculparme contigo- su expresión es seria – Si, ya se que no es mi estilo- agrega al ver al rubio abrir de par en par los ojos.
-Realmente tenia deseos de volver desde hace mucho, pero me comporte como un cobarde, te forcé a pelear y mira lo que te ha costado, tengo que agradecerte por hacerme entrar en razón, tu eres el único amigo que tengo y casi te pierdo-
Naruto no puede creer lo que ve ni escucha. ¿El orgulloso y testarudo Sasuke Uchiha, disculpándose y además preocupado por su bienestar?
A pesar de que este le sonríe abiertamente, aun puede reconocer la tristeza en sus ojos, nunca lo había visto tan sincero, tan vulnerable, tan humano.
-Tú no eres mi amigo- Comenta secamente el jinchiraku.
Sasuke hunde la cabeza en sus hombros pensando que el otro tiene razón, después de lo sucedido ¿Cómo podía esperar el perdón tan fácil?
Cuatro palabras hacen que casi grite de alegría pero se limita sonreír.
-Tú eres mi hermano- continua Naruto como si fuera lo más obvio del mundo y lo abraza.
-Te vi. salir del cuarto anoche- aventura difícilmente.
-¿Acaso fue por….?- El chico esta tan apenado que le cuesta trabajo continuar.
-A decir verdad sí, eso fue, pero tu eres quien merece el amor de Sakura, has hecho todo por ella, incluso buscarme, ¡A MI! ¡Tu rival!- termina soltando Sasuke abrazando mas fuerte a su hermano de armas.
-Yo no pensé… creí que tu… pero ella…- Las palabras lo ahogan, eso y el asfixiante abrazo del moreno.
-Ya lo pasado, pasado- Concluye el Uchiha poniéndose de pie.
-¿A donde vas?- se sorprende el otro porque en el rostro de aquel unos trazos de rubor lo acosan.
-Es hora de que busque mi propia razón para seguir- finaliza y se retira caminando con una torpeza que al rubio le parece muy familiar.
-¡CLARO, ese soy yo, ese idiota esta ENAMORADO!- Resuelve Naruto mientras la risa se apodera de el y con cada carcajada el dolor le recuerda que debe volver a los cuidados de su querida enfermera.
-¿Pero de quien?-
¿Cómo se le había ocurrido?
Algo tan tonto e incomprensible para ella y sin embargo, no puede dejar de acariciar aquella prenda.
-U…Uchiha-s…san, qui… quiero pedirle un favor-
-¿Que es?-
-¿Puedo quedarme con esto?-
-Desde luego, pero me apena que sea algo tan viejo y maltratado-
-Así lo quiero… por favor-
Aquel viejo Kimono, burdamente doblado, ahora representa para la chica, un sentimiento de calma, de alivio y compresión. La noche anterior, se creo un vinculo entre ella y el Uchiha que difícilmente compararía con amor y aun así que la conforta en esos momentos de soledad.
Sin experiencia alguna de cómo actuar, Sasuke camina entre los callejones y avenidas poco transitadas de Konoha, hecho un manojo de nervios.
Aquella personalidad seductora y la actitud dominante que solía usar, no le ayudan en nada. No ha pasado mas halla del medio día y ya desea volver a verla, a tratarla y platicar con ella, a ser él mismo.
Eso sin contar que en nada le molesta el bien formado cuerpo y la belleza extraordinariamente natural y tierna de Hinata.
Es increíble como el tiempo fluye más lento cuando se espera algo.
Decidiendo poner fin al suspenso, se dirige hacia la Residencia Hyuga, buscando alguna razón que haga de coartada a su visita.
Un cristal frena su traslado al percatarse de los harapos que lleva por ropa, no por vanidad, sino por temor al rechazo entra a una prestigiosa tienda y consigue algo a su criterio lo suficientemente bueno para ser digno de salir con ella y un gracioso bastón para ayudarse a caminar.
Su cerebro da un salto en su cabeza cuando se da cuenta de su intención.
¿Acaba de pensar en salir con ella?
En la mansión Hyuga una silueta da vueltas impaciente e insegura de sus acciones, el amor de hermana predomina y Hanabi Hyuga entra a la habitación de Hinata para confortarla. Nunca salían juntas, casi no coincidían en gustos o principios, pero la ocasión amerita que alguien haga de paño de lágrimas para su hermana.
Antes de entrar creyó que la otra sufría por culpa de Naruto nuevamente, pero al correr la puerta….
La imagen es escalofriante.
Una Habitación cubierta por sombras.
Manchas exageradas por todo el piso.
El inconfundible aroma de sangre en el ambiente.
La chica yace sobre su cama, llorando quedamente, ligeramente cubierta por vendajes.
Su mirada perdida y sus brazos alrededor de una vieja cortina.
Un nudo no abandona el cuello de Hanabi y temerosa se acerca al desnudo cuerpo de su hermana, aplicando sus pocos conocimientos de medicina, el chakra recorre sus manos y la piel de la chica quien inspecciona y trata las heridas.
Profundamente enojada y sin decir nada promete encontrar al responsable, el miedo se apodera de Hanabi al percatarse de que las heridas son internas, no hay muchos cortes o golpes. La respuesta es tan simple y aterradora que La menor de los Hyuga entrecortadamente murmura unas palabras con las que los ojos de Hinata se cierran en aprobación.
-Mi padre-
-Nada tiene coherencia, es cierto que mi padre no la quiere mucho y que es muy estricto pero nunca lo creí capaz de esto- medita para si en segundos.
Tal vez la respuesta se encontraba en aquella tela que su hermana se negaba a soltar, se sorprende de su error al mirar más de cerca. Aquello que pareciera una cortina antigua es ni más ni menos que un elegante kimono de seda bastante atacado por el tiempo pero de gran belleza.
-Ya no quiero estar aquí, te lo ruego llévame con él, solo quiero verlo- las palabras salen difusas y dolorosas del pecho de Hinata.
-¿Con quien?, ¿de que hablas?, ¿de donde sacaste esa cosa?- Pregunta su hermana al borde de la desesperación.
-¿Con Naruto Uzumaki?- inquiere recordando que está perdidamente enamorada del rubio.
-U… Uchiha-san- termina por explicar lo sucedido y con un aliento de debilidad culmina quedando inconsciente en los brazos de Hanabi.
A pesar de sus deseos, las piernas no lo dejan avanzar velozmente, tiene que limitarse a renguear hasta su destino, con la respiración entrecortada llega trabajosamente, una voz lo recibe con desesperación.
-Tu eres Sasuke Uchiha ¿verdad?-
Una jovencita del clan Hyuga lo sostiene de la camisa como si en ello se le fuera la vida.
La explicación sucede en segundo.
La chica lo guía ocultándolo de los demás hasta la habitación de su hermana.
La sangre le hierve y rompe el bastón con una mano sin darse cuenta.
A petición de Hanabi, Sasuke levanta en brazos a la pobre konoichi y la lleva consigo hasta su no muy lejano hogar.
Procurando su reposo, la deposita en la habitación que estaba acondicionando para él.
La venganza cruza por su mente al repetirse lo que la menor de los Hyuga le narró.
“Me dijo que discutió con mi padre por que no llego a dormir anoche, que le cuestiono sobre lo que sucedió y que confeso haber estado contigo, mi papá no quiso escuchar más comenzó a soltar insultos y le recrimino todo lo malo que le ha ocurrido a la familia como si fuera su culpa y… y le hizo esto. Yo confió en ella pero él…LO ODIO POR ESTO”
Aquello no es un verdadero reto para Sasuke, fácilmente se enfrenta a mas de la mitad del Clan Hyuga, sin contar a Neji y Hanabi quienes lo apoyaron al enterarse de lo ocurrido.
Terminado el combate, el primo de la chica lo amenaza con una genuina preocupación por el bienestar de a quien una vez, estuvo a punto de matar.
-Si se te ocurre lastimarla haré contigo lo mismo que hiciste aquí,- Dicho esto regresa a sus deberes como si nada hubiera ocurrido, mientras que la otra chica se limita a regalarle una picara sonrisa y se retira del mismo modo.
Al regresar a casa, la primera cosa que cruza por su mente es poner en condiciones habitables todo el lugar y comienza a trabajar sin darle descanso al cuerpo más que de vez en cuando para vigilar el sueño de su huésped.
Con la llegada del alba, el sueño se va disipando, ya no siente ningún dolor y ese cómodo, agradable y familiar calor la invade.
Levantándose difícilmente de la cama, sus ojos se llena de alegría y ternura con lo que ve.
Aquel chico con el que anhelaba reencontrarse, esta frente a ella, de pie o casi de pie pues se ha quedado dormido bajo el marco de la puerta, increíblemente equilibrado por una escoba sobre la que reposa el brazo.
Sin la intención de despertarlo, atraviesa la entrada de la habitación conteniendo la respiración por miedo a perturbar su fantástica forma de dormir.
Otra razón más para impresionarse.
El lugar esta impecable y ahora puede maravillarse de la belleza y suntuosidad de la mansión, lo que mas la sorprende, es que en aquel sitio de la chimenea todo esta ordenado, limpio, con leños alimentando el fuego y una bandeja de comida recién hecha emana deliciosos aromas en una mesita de centro y sobre el pedestal de la chimenea, cuelga una enorme manta con el lema ¡BIENVENIDA! en ella.
Difícilmente recuerda como entre sueños aquel caballero la rescató del tiránico dragón de su padre y la llevo a su castillo.
Con su timidez única se acerca al bello durmiente que yace en la puerta y con un beso en la mejilla logra sacarlo del ensueño para ponerlo en otro.
“No puede dejar de mirarla a los ojos, esos ojos que reflejan su sentir y que irradian cariño, no puede dejar de creer lo suave de su piel y el calor de su cuerpo lo hacen sentirse tan bien. Sus labios son tan delicados…
Todo lo que ha causado en el…”
“Su mirada es tan profunda, su abrazo es firme y calido y el rubor en sus mejillas lo hacen ver muy tierno. Su rostro esta tan cerca…
Todo lo que ha hecho por ella…”
No saben que decir, sin la respuesta de cómo llegaron a ese punto. Poco importa ya.
Ambos juntos, felices, despidiéndose del dolor de la soledad.
El beso es apasionado, lleno de vida y amor.
Sus corazones laten al unísono.
Como testigo de su nuevo amor, el fuego en la chimenea aumenta su flama y seduce a ambos a rendirse a la pasión.
Teniéndose uno al otro para amarse, concretan lo que ya hace tiempo, estaba destinado a suceder.