[P][+18]Utopía

Fanfics de series que no sean de Naruto o inventados.

Moderador: Betas



[P][+18]Utopía

Notapor Jeral. » Lun Mar 12, 2012 12:21 am

Utopía



Prólogo

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Espacio Exterior

Un enorme pato surcaba el espacio en busca de alimento. Media más de tres metros de alto y dos de ancho, y pesaba más de cinco toneladas.

Tenía unos grandes orificios nasales, que le permitían oler cosas a más cinco mil kilómetros de distancia, y unas grandes fauces.

Sus cinco ojos le permitían mirar en todas las direcciones a la vez. Su brazo izquierdo era tentacular y almacenaba veneno, permitiéndole paralizar a sus presas. El derecho era una zarpa desproporcionada con la que aplastarlos.
Su cuello era el hogar de cientos de cicatrices que irradiaban una luz verde y nuclear.

En la espalda, llevaba una enorme mochila, donde almacenaba gasolina para cinco cohetes que tenía por patas. Entonces vio a su presa. Redonda, gaseosa y roja. El pato mutante se acercó a ella y abrió las fauces.

Se tragó el planeta entero de un bocado.

Planeta Vehuiah


Un joven de cabello negro y ojos de color café reflexionaba apoyado en la pared de piedra de la celda en la que se hallaba.

Tenía las esposas tan apretadas que el simple hecho de mover un dedo era algo de lo más doloroso. Pero tendría que aguantarse. Ya casi era la hora de comer.

El reloj era el único efecto personal que le habían dejado. Pero no por compasión ni nada parecido, sino porque sabían que no tendría otra cosa mejor que hacer que mirarlo cada cinco segundos.

Lo rompería en cuánto hubiese acabado con aquello.

Escucho los pasos del guardia por el pasillo. Se puso en pie. La puerta de metal se abrió. El carcelero entro con una bandeja de comida y se abalanzó sobre él como pudo.

El guardia choco contra la puerta del empujón y la bandeja salio volando, rompiendo el plato y desperdiciando toda la comida.

-Lástima -pensó Remiel a la vez que se tiraba a por uno de los trozos rotos del plato.

El carcelero se lanzó sobre él, aplastándole el cuerpo contra el suelo. Por suerte, Remiel había logrado coger uno de los trozos. Pataleó, tratando de quitárselo de encima.

Le golpeó cerca de la entrepierna, tal vez en una cadera o una costilla, pero no importaba. El guardia se apartó y Remiel se puso en pie rápidamente, tanto como alguien al borde del pánico, solo que el no estaba asustado sino emocionado.

Alzar las manos esposadas era doloroso, pero lo hizo de todas formas. El guardia de lanzó sobre él. Remiel hizo lo propio, tratando de clavarle el pequeño trozo de plato roto en forma de triángulo justo en medio de la garganta.

El guardia se disponía a agarrarle de los hombros cuando ya tenía el trozo a escasos centímetros de la garganta. El carcelero le empujo hacia atrás y le rajo desde la zona sobre la barbilla hasta debajo de un ojo. Ambos cayeron al suelo, pero está vez Remiel estaba boca arriba.

Aprovecho un parpadeo del guardia para clavarle el plato en el otro ojo.

El centinela esgrimió un grito de dolor que se escucho por media prisión. Remiel aprovecho la situación, cerro las manos en dos puños y le golpeó como si estas fueran un mazo. El guardia todavía se movía, pero el dolor del ojo lo mantenía distraído...Por ahora. Pronto el dolor se volvería ira y se abalanzaría sobre él. Antes de que eso ocurriera, Remiel rebuscó en su cinturón. Él pataleaba, pero aún así pudo coger las llaves con relativa facilidad. Ahora el problema era abrir las esposas...Se guardo las llaves en un bolsillo de su gris pantalón descosido y salió de la celda, cerrándola tras de si.

La puerta solo podía abrirse desde fuera, así que dejo allí al guardia y se puso en marcha. Aquella era una prisión pequeña, de un pueblucho pobre. No habría mas de cuatro carceleros en total, y estos pasaban más tiempo bebiendo y durmiendo que vigilandole.

-Shhh. Tú. Eh, tú – susurró un hombre desde el interior de una celda.

Como Remiel, tenía el pelo negro, pero más corto. Algo admirable teniendo en cuenta que ni siquiera les dejaban ducharse. Aquello era una pocilga. A ese hombre le habían arrestado hace poco. Hoy mismo, tal vez.

-¿Qué? -preguntó Remiel. Aquel hombre podría serle útil.

-Sacame – dijo el prisionero.

Remiel se sorprendió. Se imaginaba lo que iba a pedirle, pero no que fuese a ser tan directo, tan sincero. Hecho un vistazo a la oficina que había al final del pasillo. El guardia dormía. Increíble. El otro guardia, el que había entrado en su celda, había estado gritando todo este tiempo como un cerdo en un matadero, y ese seguía ahí, roncando. Remiel considero la posibilidad de que estuviese fingiendo. No lo parecía, pero por si acaso...

-Te sacare. Con dos condiciones – anunció. -La primera, tendrás que decirme que delito cometiste. Con todo lujo de detalles, pero eso lo harás luego. La segunda te la diré cuando hayas cumplido la primera.

-Lo que sea, pero sácame de aquí.


Capítulo 1 - El Prisionero Enamorado

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Remiel se despertó entre sudores fríos aquella mañana. Siempre lo hacía desde que ella no estaba. Estaba enfermo. Pero ningún médico podía diagnosticar que le ocurría, pues su enfermedad no se hallaba en su cuerpo o en su mente. Se hallaba en su corazón.

Hacía tiempo que la existencia de los conocidos como alienigenas o extraterrestres habría sido probada, pero hacia tan solo quinientos años desde que estos llegaran al planeta Vehuiah.

Un planeta con un ecosistema variado, pero en pequeñas cantidades. Había zonas heladas, de campo, algunos incluso se atrevían a hablar de ciudades de fuego y magma, pero el campo era el que más porcentaje del planeta ocupaba. Incluso más que el océano.

Los alienigenas, “Aliens” para el vulgo, estaban discriminados, como lo habían estado ciertos sectores de la raza humana en tiempos más primarios. Eso es lo que diría un filosofo o un historiador.

Para Remiel la humanidad no había avanzado nada en toda su existencia. Como en toda discriminación, el odio de los humanos por los aliens nacía del miedo. Los aliens eran igual que los humanos en aspecto físico, salvo por dos detalles: Un curioso pelo azul brillante y unos ojos felinos.

No les temían y odiaban por el aspecto. Les odiaban por su poder. Tenían tecnología, sabían usarla, y no tenían planes de compartirla. ¿Cómo iban a hacerlo? Seria deshacerse de la única razón por la que la humanidad no les había atacado. Por el miedo.

Eso era lo que la gente de a pie pensaba. Pero Remiel lo había vivido. Había visto como los niños Alien eran ahora los nuevos gafotas. Como eran los primeros sospechosos de todos los crímenes. “¡Ha sido ese puto gato!”, solían decir.

Le repugnaba. Esos actos avivaban el odio dentro del corazón de Remiel. Algo con lo que hubiese podido lidiar...Si no fuera por lo que había ocurrido dos semanas atrás.

Remiel se había enamorado de Lelahel, una joven alien. Como todos los de su raza, tenía el pelo azul brillante, muy largo. Junto a sus ojos negros y felinos, recordaba a una pantera.

Remiel la encontraba hermosa. No es necesario ver para saber cuando una persona lo es. La belleza no se ve. Se siente, se palpa, se respira...Se toca, sin tocar nada en absoluto. Lo que daría por estar otra vez con ella.

Cuando sus respectivas familias se enteraron, se opusieron de inmediato. Aunque la ley no lo prohibía, los comentarios del resto de vecinos serian una humillación para sus familias. Remiel lo odiaba. Le frustraba que sus padres, su hermana, sus tíos...Pensaran de esa manera.

Ninguno le había apoyado. Y lo que es peor, le estaban manteniendo encerrado en esa habitación encerrado como en una cárcel, sin ninguna noticia del exterior. Decidió que si eso iba a ser un cautiverio, no iba a serlo solo para él.

Durante las dos semanas que le habían mantenido encerrado – lo sabia porque había contado las veces que el sol había salido desde entonces – no había pronunciado una sola palabra, ni comido ni bebido. No iba a darles el capricho de que se muriera de pena y pudieran lamentarse, hacerse las victimas frente a los demás. No. Si tenia que morir, lo haría de inanición, y entonces todos los habitantes de esa casa tendrían que darle una buena explicación a las autoridades...Cosa que por supuesto no tenían. Contraer matrimonio con una chica alien no era un delito, y mucho menos quererla, pero mantener a alguien encerrado hasta la muerte...Además, para bien o para mal, los policías seguían cumpliendo su trabajo. Puede que los aliens no les gustaran, pero dios sabia, y ellos por descontado que también lo sabían, que no querían perder su empleo.

Alguien llamo a la puerta. Remiel no respondió. Era la voz de su hermana de quince años, Amy. Esta entro al no recibir respuesta. Tenía una bandeja con comida sobre los brazos – con cereales, zumo y plátanos – pero Remiel siguió sin decir nada. Tenia una pinta estupenda, pero el orgullo llenaba ahora su estómago.

Amy dejo la bandeja sobre la mesilla de noche y se sentó en la cama. Remiel pensó, por un momento, que por fin le habían comprendido. Poco después se daría cuenta de lo iluso que estaba siendo.

-Me han pedido...-susurro Amy. Le estaba costando decirlo. -Lelahel ha muerto -dijo.

Remiel le lanzó la mirada más venenosa que alguien puede lanzarle a una hermana. Eso era mentira. Él había visto a la familia de Lelahel en persona. Por supuesto, no le habían aceptado, pero le rechazaron de forma educada y sin perder las formas. No eran pueblerinos con horcas, por mucho que así los pintaran los humanos.

-Eso no es cierto – fue lo primero que dijo Remiel en dos semanas.

-Sé que es duro, pero... - intento convencerle Amy.

Sus labios temblaban. Evitaba mirarle a los ojos. Tenía los pelos de punta, y no hacia frío. Estaba mintiendo. Remiel estaba harto.

-Acercame la jarra con el zumo, por favor – pidió.

-Ten – dijo Amy.

Remiel le estampo la jarra en la cabeza con todas sus fuerzas, sin pensárselo dos veces. Los cristales rotos se clavaron en su cabeza y varios hilos de sangre manaron de ella. Uno cayo sobre su frente y se deslizo hasta sus labios. Tenía la mirada perdida. Habría caído al suelo si Remiel no la hubiese sujetado un segundo después. No quería provocar más ruidos que los estrictamente necesarios.

Su familia ya se había acostumbrado a oírle tirar jarras, bandejas, a aporrear puertas y lanzar cajones. Una jarra no seria suficiente para llamar su atención, pero era mejor no correr riesgos estúpidos.

Todavía era temprano. Sus padres estarían durmiendo, y sus tíos hoy no estaban. Venían de vez en cuando y pasaban una temporada con ellos, normalmente un mes. Cogió un cuchillo de la cocina. Uno largo pero con una hoja fina. Le pareció fácil de manejar a simple vista, aunque no había tocado uno en toda su vida. No para matar, al menos.

Entro en la habitación de sus padres. A su padre le clavo el cuchillo directamente en el corazón. Su madre se despertó por el grito ahogado de este, pero ya era demasiado tarde. Remiel la asfixio con una almohada.

Remiel mató a su familia por amor. Dos días después las autoridades le detuvieron y le encerraron en una prisión de mala muerte. Estuvo en ella durante cinco largos años. Estudio los movimientos de los guardias, sus horarios, su rutina.

Trazó un plan.


Capítulo 2 - El que los hunde en la tierra

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Remiel apilo unos cuantos troncos en circulo y les prendió fuego con dos piedras. Un fuego pequeño y controlado. No quería incendiar el bosque.

El hombre al que había escapado junto a el se sentó en un tocón cercano. Miraba el fuego durante varios minutos, sin pestañear. Ninguno de los dos dijo nada hasta que Remiel se sentó, justo enfrente de él.

-Supongo que podríamos empezar presentándonos – dijo el hombre moreno. -Mi nombre es Cross.

-Remiel – fue todo lo que obtuvo por respuesta.

Remiel estaba pensativo. ¿Le serviría aquel hombre para lo que pretendía? Necesitaría, que supiese, dos personas más. Le lanzó una manzana y Cross la recogió en el aire.

Todo lo que había en el bosque eran jabalís -demasiado fuertes para poder cazarlos en su condición actual – y manzanas.

-Mmm...¡Qué dulce! -exclamó Cross como un adolescente que hasta hace poco no era más que un niño, y que por fin había empezado a probar cosas nuevas.

Salvo que Cross era muchas cosas, pero no era un adolescente. Y mucho menos un niño. Llevaba muy bien sus cuarenta años, y realmente no los aparentaba. Podría haber pasado por 30. Eso estando moribundo. Remiel pensó que con algo de pulcritud y la ropa adecuada, podría haber pasado por un noble.

-Gracias a todos las estrellas – dijo Cross. -La comida de la cárcel era horrorosa, colega. Aunque hemos tenido suerte. Por lo menos no era una cárcel alien. ¿Sabes lo que se rumorea de ellas, tío? -preguntó.

-¿Qué te meten una sonda por el culo? - respondió Remiel levantando una ceja, sarcástico.

-Dicen que te mantienen vivo a base de verdura y agua. Nada de fruta, ni carne, ni cualquier otra cosa. ¿Lo imaginas? ¿Años sin comer algo con alma? Después de una experiencia así un filete debe saberte a coño – dijo con toda la naturalidad del universo.

A Remiel le pareció vulgar. Pero eso era una buena señal. Necesitaba reunir a la peor escoria del planeta para lo que se proponía. La gente vulgar vive en las calles. Saben cosas que universitarios con diez licenciaturas no sabrían. Y más importante, no discutirían sus métodos.

-¿Qué piensas de los aliens? - preguntó Remiel. -Dejando de lado sus cárceles.

-No me preocupan – respondió Cross. -No pienso nada, a decir verdad. Me dan igual. Si no me molesta, no existe.

-Estuve a punto de casarme con una alien – soltó Remiel. -Y si me preguntas que tal están los coños alien, te forro a hostias – añadió.

Cross lo miró atónito. ¿Un humano queriendo casarse con una alien? Imposible. Nadie quería juntarse con ellos si podía evitarlos. Los aliens eran victima de palizas, atracos, asesinatos, violaciones, secuestros...todos los días.

Aunque el amor no entiende ni de razas ni de fronteras, una persona reflexiva y racional habría evitado cualquier contacto, al menos en público. Entonces Cross se percato por fin de algo que Remiel escondía muy bien.

Su amigo no estaba actuando de forma racional.

-¿Qué paso con ella, con la alien? -preguntó.

-Nuestras familias se opusieron. Nos separaron. Se la llevaron a su casa. A mi me mantuvieron encerrado en mi ma... -estuvo a punto de decir “mansión”. Decidió evitar el detalle por el momento - ...en mi casa. Me mantuvieron encerrado en mi casa.

-Como Romeo y Julieta...-susurró Cross.

-Salvo por un detalle. No se que habrá hecho Lelahel, pero yo no pienso dejar que mi familia me cause la desgracia. Así que hice lo que Romeo y Julieta debieron hacer. Matar a sus familias.

Cross permaneció en silencio. Ese hombre y el tenían algo en común. No eran las mismas circunstancias, ni el mismo motivo, ni la misma clase de victimas...Pero ambos eran asesinos.

Cross empezó a relatar la historia de su crimen, sin que Remiel tuviera que pedírselo por segunda vez.

Cross salió de su casa. Estuvo tentado de coger la bici, pero lo descarto. Hacia noche muy buena. Quería disfrutar de aquello pausadamente, de forma tranquila, sin prisas...La noche era joven.

Tardo tres horas a paso lento en llegar al pueblo de al lado. Quería saborear cada minuto, cada segundo...

Echo un vistazo a las casas, todas de color blanco, con dos pisos. Un pueblo pequeño y uniforme. Dio un rodeo y se adentro en la zona posterior de las casas. Eran viejas. Las ventanas estaban sucias y llenas de roña.

Observó todas las casas, una por una. La última tenía la luz del segundo piso encendida.

“Mi día de suerte” - pensó Cross.

Cogió una piedra pequeña y afilada. Se pego a la pared de la casa y se puso de puntillas para alcanzar la pequeña y rectangular ventana. Con una punta de la piedra, empezó a rallar el cristal lentamente. Abrió un pequeño agujero sin mucho esfuerzo – la ventana tenía más años que él, al fin y al cabo – y metió la mano por el agujero.

Llegaba al pestillo por los pelos, pero llegaba. Lo levantó. La ventana se abrió de par en par y el escalo. Le costo varios intentos pasar por la ventana, pues tenia el físico justo para ello.

Una vez dentro avanzo despacio y con cuidado. Amaba esa sensación. Ahora no tenía sangre en las venas, tenía adrenalina pura. Estaba cachondo.

Agarró el pomo de la puerta del garaje y tiró de ella tan solo un centímetro, lo suficiente como para mirar. Todo estaba a oscuras. Avanzo a tientas hasta la cocina, asegurándose de no hacer ruido.

Buscó algo con lo que dejar inconsciente a una persona. No encontró nada de su gusto. Tendría que hacerlo a golpes. Lástima.

Subió a las escaleras de madera en dirección a la luz. La puerta de la habitación estaba entreabierta. Un chico joven, de diecisiete o dieciocho años leía un libro tumbado en la cama a la vez que escuchaba música a través de los auriculares blancos conectados al MP3 que caía sobre su pecho.

La música estaba tan alta que Cross casi podía canturrearla.

“The Poet came down to the lake...”

Entro en la habitación.

“...to call out to his dear”

El muchacho estaba de espaldas y siguió sin verle. No le vio hasta que estuvo de pie a su lado. Se aparto asustado, pero ya era demasiado tarde. La lampara que mantenía la sala encendía cayo sobre su cabeza, rompiéndose en mil pedazos, dejando clavados los trozos de cristal de la bombilla en el cabello y la cara, mientras el aceite bajaba por sus mejillas.

Cross le puso dos dedos en el cuello. Después hizo lo mismo en las muñecas. Aún tenía pulso.

Lo llevo a rastras hasta el jardín trasero y lo dejo tirado sobre el césped. Después se dirigió al garaje, cogió una pala y convenzo a cavar.

El muchacho se despertó en un hoyo y con una pierna rota. Debería habérsela roto al caer. Le dolía la cabeza. Se palpo la nuca y noto la sangre deslizándose por ella.

Miro hacia arriba, pensando en como salir. Desde lo alto, un hombre adulto, con el pelo corto y negro, le miraba fijamente, sujetando una pala. Le miraba sonriendo, contento, casi eufórico.

Cross hundió la pala en la hierba verde del jardín y sacó un gran trozo de tierra marrón. La lanzó al hoyo.

-¡No! -gritó el joven. ¡No, no, detente, haré lo que sea!

-Eso es. Cuanto más súplicas más disfruto con esto – pensó Cross, lanzando una segunda palada de tierra.

Se aseguro que de que los montones de arena cayeran sobre sus piernas. No quería taparle la cara hasta el final.

Quería ver su expresión un segundo antes de morir.


...


Remiel le escuchaba en silencio. Aquel hombre era justo lo que estaba buscando. Uno de los que estaba buscando. Aquel hombre era un hijo de puta sin escrúpulos. Justo lo que necesitaba para su plan.

-¿Y bien? -preguntó Cross. -¿Cuál es la segunda cosa que quieres que haga por ti?

-¿Lo harás? - respondió Remiel.

Cross soltó un suspiro. No tenía ningún lugar al que ir ni nadie importante. Lo que único que necesitaba era seguir enterrando gente viva. Era todo lo que necesitaba para vivir, igual que un yonki necesita su dosis.

-Siempre y cuando pueda continuar con mi “hobby”, si – respondió Cross.

-Bien. Quiero que me acompañes – comenzó a explicar Remiel. -Quiero reunir a un grupo. Necesito, como mínimo, un ladrón y un técnico. Luego, un transporte.

-¿Para que necesitamos un ladrón y un técnico?

-El ladrón nos ayudará a robar una nave. ¿Sabes la velocidad que alcanzan esas cosas? Normalmente se usan para viajar por el espacio...Pero si la usas para moverte por el planeta, es casi como teletransportarse. El técnico, es, evidentemente, para que se ocupe del mantenimiento de la nave -explicó Remiel.

-No, lo que quiero decir es que para que quieres reunir un grupo. Y más importante, que pinto yo en él. Te acompañare, pero quiero saber tus motivos – repuso Cross.

Remiel se dispuso a explicar su plan, el plan que le había llevado cinco años idear, con pelos y señales, cuando un ruido emano de los matorrales del bosque.

Ambos se pusieron en guardia. Podría ser un jabalí. Y aunque hubiesen comido, estaban desarmados. Incluso un jabalí podría matarlos ahora mismo. Se prepararon para correr en cuánto aquel animal saliera de entre la maleza.

-¡Ven si te atreves! - exclamó Cross.

La hierba comenzó a agitarse y dos sombras surgieron de ella. Pero aquellas no eran la figuras de dos jabalíes. Eran de las figuras de dos niños – aunque debían tener dieciséis y diecisiete años, para Remiel y Cross seguían siendo niños – ambos todavía en pijama y llenos hasta arriba del barro y la suciedad del bosque.

El muchacho era el mayor. Tenía el cabello rubio y los ojos azul marino. Solo llevaba una camiseta y un pantalón, ambos grises, de dormir. Iba descalzo y tenía varios cortes en la piel, producto de algunas afiladas plantas del bosque.

La chica debía ser un año mas pequeña. Su pelo era castaño claro, y sus ojos negros. Iba incluso más desvestida que su amigo. Solo llevaba una bata blanca y unas bragas verdes.

El muchacho cayo de bruces contra el suelo.
Última edición por Jeral. el Sab Sep 08, 2012 12:32 am, editado 3 veces en total
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Re: [P][+18]Utopía

Notapor LalaDeviluke » Lun Mar 12, 2012 1:04 am

Un nuevo fic :3

Me gusto mucho y te paso a decir unas pequeñas criticas constructivas :3

Lo primero es que pienso que el pato del principio sobra y que podrias elaborar una muy buena historia seria.

Lo segundo en que en las escenas de accion deberías preocuparte menos de las emociones y entornos y detallar mas las acciones agresivas: como coge el arma, como corta al enemigo, detalles de como le corta, le hace sufrir, esas cosas.

Y aunque haya sido solo una parte me dejo algo fria el como mato a su familia y como fue encerrado en la carcel, era un buen momento para detallar y lo hiciste muy ''rapido''.

y un pequeño detalle y es que usaste dos mismas formas de casi matar: que es estrellar cristal en la cabeza pero quitando eso me gusto mucho

Saludos :3

PD: Y la OST de los capitulos magnifica, quien habrá sido la que ha tenido ese gran gusto musical? *__*
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Re: [P][+18]Utopía

Notapor Purpleknight » Lun Mar 12, 2012 2:16 pm

Lo primero: No tiendas a hacer un Avatar/Pocahontas/Bailando con Lobos, ¡noooooo por favor! X_D (es broma, se nota que no va por ahí los tiros) .

Lo segundo, lo de Remuel cargándose a su familia, sinceramente me parece una ida de olla que no se explica bien de dónde sale ni se razona casi nada, y menos aún queriendo cuadrar la frase "matar por amor" en medio de todo eso. Casi es un "porque sí", cosa que no tiene sentido viendo que Remuel odia la discriminación, el maltrato entre diferentes personas y razas, y de repente ve su salida en matar y quién sabe qué planea ya...

Y lo de Cross igual, matando ahí porque sí y saliendo de la nada, marcándolo como hobby suyo simple y llanamente. Te doy el voto de confianza aún porque está "ese plan" aún sin explicar y porque es el inicio de la historia aún.

Los puntos buenos son que relatas bien, llevan un buen ritmo y tal, pero faltan más detalles en los personajes y en las cosas que hacen para hacerlo más coherente, que ya me veo yo venir que el ladrón y el técnico también matan casi porque sí... X_D

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Re: [P][+18]Utopía

Notapor ditron » Lun Mar 12, 2012 6:34 pm

Pues me mola, lo veo mucha más sangriento que Reset, aun no me puedo creer que una persona a que no le guste el Gore se imagine tantas escenas sangrientas XD

Por un momento la idea de juntar un grupo para cumplir su objetivo me ha sonó a One Piece XD Pero si me lo pongo a pensar muchas historias van de juntar un grupo para cumplir el objetivo del protagonista.

Pues nada, me da intriga saber si su novia alíen sigue con vida o si esta muerta como dijo su hermana.

Bueno, ¡yo me retiro Dumbo!


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Re: [P][+18]Utopía

Notapor Jimmy3424 » Mar Mar 13, 2012 10:41 pm

Mola mucho Chris! Me gusta el tema que plantea, el amor entre razas diferentes que refleja el racismo en nuestra sociedad, aunque ahora no es tan grave como hace más siglos....
Pero MUY GUAY como siempre! ; D
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Re: [P][+18]Utopía

Notapor LF » Mar Mar 13, 2012 11:05 pm

Al fin me lo he leído, me ha gustado...

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El pato del principio, por mas de que parezca que no tiene pinta alguna en la historia, apuesto que va a ser relevante más adelante, sino, como que no es una buena manera de iniciar.

Remuel es esquizofrénico xDD, no se me ocurre otra manera para describir el porqué asi de la nada mató a su familia

Y el otro es el típico asesino serial, matando por mero placer.

Y creo que la novia sigue viva.


Esperando el siguiente (y)
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Re: [P][+18]Utopía

Notapor Jeral. » Mar Mar 13, 2012 11:29 pm

Wola.

Lo primero decir que gracias a todos por los comentarios, sobretodo los constructivos. Son mi sueldo xD. Ahora, vayamos por partes...

Lo primero es que pienso que el pato del principio sobra y que podrias elaborar una muy buena historia seria.


La historia tendrá partes serias y partes cómicas. Ya lo ireis notando con algunos capítulos que están por venir. En cuánto al pato, es muy esencial, aunque ahora no lo parezca. Tardara en volver a salir, eso sí.

Lo segundo, lo de Remuel cargándose a su familia, sinceramente me parece una ida de olla que no se explica bien de dónde sale ni se razona casi nada, y menos aún queriendo cuadrar la frase "matar por amor" en medio de todo eso. Casi es un "porque sí", cosa que no tiene sentido viendo que Remuel odia la discriminación, el maltrato entre diferentes personas y razas, y de repente ve su salida en matar y quién sabe qué planea ya...


Es Remiel xD. Hay una razón para esto, ya lo verás más adelante xD. En cuánto a Cross, es un psicopata, esa es su única motivación. Los psicopatas no necesitan un motivo XD.

A los demás os digo lo mismo, todo tendrá su explicación xD.

¡Muchas gracias por comentar y actualizaré en cuánto pueda! ^^
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Re: [P][+18]Utopía

Notapor ditron » Mar Mar 13, 2012 11:37 pm

Pues ya que estas poniéndole las imágenes y banda sonora a cada capitulo, no estaría de mal una que otra ilustración del pato devora planetas, como para alegrarnos un poco, ¿no crees? XDDD


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Re: [P][+18]Utopía

Notapor Jeral. » Mié Mar 14, 2012 9:48 pm

Vale. Tocan dos capítulos "ligeros". El fic tendrá capítulos como los dos primeros y como estos, iré cambiando de vez en cuándo. En este fic pienso poner todo lo que he aprendido escribiendo hasta ahora, y de paso probar cosas nuevas.

Estoy planteandome seriamente hacer una versión audio con mi voz leyendolo, aunque tendría que comprobar la calidad y demás. Así que ya se verá.

AVISO: El capítulo tres tiene sexo explicíto. Puritanos y cia, el que avisa no es traidor.

Capítulo 3 - Los niños perdidos en la medianoche


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Anubis se había despertado temprano aquella mañana. Llevaba cerca de dos semanas sin poder dormir. Desde que había pasado “aquello” no descansaba por las noches. Al principio, pensó que se trataba de su sentimiento de culpabilidad, pero no era así.

Deseaba que volviera a ocurrir. Quería que se repitiera, con todas sus fuerzas. Era su obsesión, su enfermedad.

Removía sus cereales con la cuchara, con la mirada perdida en ellos. Cualquiera podría haberle preguntado si leía el futuro en ellos.

Miro a su hermana Cristal de reojo. Esta estaba subida a un taburete, buscando sus propios cereales en la despensa, vestida únicamente con una bata blanca y unas bragas. Estas ultimas con un estampado de caritas sonrientes y amarillas.

No soportaba más aquello. Se levanto del asiento y se dirigió hacia donde estaba su hermana. La alcanzó justo cuando ésta bajaba de un salto del taburete, quedando a su altura, y la beso en los labios.

Al principio ella no se opuso y le devolvió el beso apasionadamente. Anubis le metió los dedos entre los mechones castaños de su pelo y poso su otra mano en la cadera de Cristal, acariciándola y levantandole la camisa suavemente.

Cristal le aparto de ella con un movimiento delicado y lento, pero firme.

-Papa y mama todavía están en casa – dijo. -Acordamos no hacer nada hasta que estuviéramos solos -añadió.

Anubis soltó un suspiro de decepción y volvió a la mesa. Deseaba el cuerpo de su hermana, pero también la amaba por lo que era. Era una sensación extraña, perturbante...Y placentera.

Sus padres no tardaron mucho en irse a trabajar, apenas hicieron algún comentario para que se diesen prisa en ir a clase, y se fueron.

No volverían hasta la noche...Con suerte.

Anubis dio la batalla por perdida y se preparo para quitarse el pijama y desvestirse. Se quito la camisa y la dejo sobre la cama, cuando Cristal entro en su habitación, esta vez solo con la bata.

-Oh, por dios... - pensó Anubis en voz alta.

Cristal no dijo nada y le empujo sobre la cama. Comenzó a desabrocharse los botones transparentes de la camisa, dejando su pecho al descubierto. Se tumbó sobre Anubis y acercó la boca a su oreja.

-No llevo ropa interior...-susurró.

-Lástima – respondió Anubis. -Me habría gustado arrancártela con los dientes.

Cristal no contestó y le lamió en la oreja, descendiendo por la mejilla y llegando hasta los labios. Anubis sintió la lengua húmeda y caliente de Cristal moviéndose dentro de su boca.

Cristal empezó a besarle en el cuello y a acariciarle el paquete cuando sonó el ensordecer estruendo del timbre de la puerta.

-Hay que cambiar ese timbre de mierda...-pensó Anubis.

La cara de Cristal estaba totalmente pálida, y Anubis supo inmediatamente en lo que estaba pensando.

-¿Crees que papa y mama habrán vuelto? -preguntó, en parte de nerviosa, en parte excitada. Acababa de descubrir que le ponía cachonda que les pudieran descubrir.

Anubis se puso la camisa a toda prisa y se dirigió a la puerta descalzo, con cuidado de no hacer ruido. No se le ocurrió pensar que sus padres tenían las llaves de casa y no hubiesen necesitado llamar al timbre.

Se puso de puntillas y miro a través de la mirilla como una vieja cotilla. Era el cartero. Abrió la puerta, le firmo un papel y recogió el paquete, que dejo en la mese de la cocina junto a los cereales sin terminar.

-Gracias, chaval – dijo el cartero. -Por cierto, llevas la camisa del revés – comentó.

Anubis suspiró y volvió a la habitación. Ya les habían interrumpido dos veces. Pensaba que sería mucho más fácil teniendo en cuenta que ambos vivían en la misma casa, pero estaba resultando de lo más complicado.

Besó a su hermana en la boca, dispuesto a continuar con lo que habían dejado a medias, pero sin el mismo entusiasmo. El timbre volvió a sonar.

-¡Qué te jodan! – exclamó Anubis.

-Así no podemos estar – comentó Cristal. -Reconozco que me gusta la idea de hacerlo al límite, pero no quiero que me de un paro cardíaco.

-¿Qué sugieres? -preguntó Anubis.

-Hay un bosque detrás de la ciudad...No es muy grande, podríamos ir allí y...

-Pero no podemos salir por la puerta principal. Saldremos por la ventana. Estamos en un primero, al fin y al cabo. Ponte mis zapatillas – dijo Anubis.

-¿Pero qué dices? - replicó Cristal. -Se me ve todo, como quieres que...

-En el segundo cajón del escritorio. Hay algunas bragas tuyas, pontelas – indicó su hermano.

-¿Porque tienes tu bragas mías? -pregunto Cristal al mismo tiempo que habría el cajón y se las ponía.

-Te las robaba para...-repuso Anubis. -...Olvidalo.

Anubis salió por la ventana fácilmente. La distancia debía ser de unos treinta o veinticinco centímetros, así que no le costo nada. Su hermana se sentó en el borde de la ventana. Podía vérselo prácticamente todo desde allí.

Su hermana bajo con cuidado y el le tendió la mano. Se metieron en el bosque, procurando no adentrarse demasiado. Se tumbaron debajo bajo la sombra de un árbol.

Cristal se sentó encima de Anubis y comenzó a besarle mientras este le acaricaba por debajo de la ropa y masajeandole los pechos.

-Estás siendo demasiado delicado – dijo Cristal. -¿No soy de porcelana, sabes?

Cristal le bajo los pantalones y se la sacó. Le pegó un lametazo de arriba abajo, de abajo a arriba, hasta ponerla dura y meterséla en la boca.

Anubis sintió la lengua dándole vueltas alrededor de su pene, al mismo tiempo que notaba como la punta rozaba las mejillas de Cristal por dentro. Cristal siguió chupando en movimientos ascendentes y descendentes durante cinco minutos.

Anubis soltó un profundo gemido y Cristal se apartó, pero no lo suficientemente rápido. Su cara quedo manchada de leche en la mejilla, en la frente y cerca de la boca.

-Puaj, que asco -dijo.

-Lo siento. Te compraré un CD de Sunrise Avenue. ¿Te encantan, no? - respondió Anubis.

Cristal lo miro con cierto reproche.

-No se si alegrarme o sentirme ofendida porque he tenido que chupártela para que me regales algo – dijo.

-Te quiero, hermana – fue todo lo que Anubis respondió.

Se abrazaron y durmieron hasta que cayo la noche. Se despertaron cerca de medianoche. Habían pasado todo el día en el bosque, haciéndolo y durmiendo, haciéndolo y durmiendo, una y otra vez.

Se vistieron y se dispusieron a volver a casa, cuando un rugido salió de las profundidades del bosque, en concreto de la dirección en la que habían venido.

La maleza se zarandeó y de ella surgió una figura marrón, a cuatro patas. El jabalí olfateó con el hocico, quizás en busca de comida, aunque no lo parecía. El jabalí se acercó hasta Cristal y la olio.

-¡Aléjate! -exclamó esta colocándose detrás de su hermano.

Anubis le dio una patada en la cara al jabalí.

-Lo siento, pero esta no es para ti, amigo – dijo.

A Cristal le molestó el comentario, pero no tuvo tiempo de quejarse. El jabalí retrocedió y meneo una de las patas traseras, dispuesto a embestir. Anubis cogió la mano de su hermana y corrió en dirección contraria.

No tardo en perder al jabalí de vista, pero seguía escuchando sus gruñidos de ira. La patada en la cara no le había sentado muy bien. Anubis no se detuvo hasta dejo de escuchar los gritos del animal.

Cuándo ya estaba a punto de detenerse, tropezó con una rama gruesa y cayo de bruces contra el suelo. Levanto la mirada y vio a dos personas de pie al lado de una fogata.

-Deberíamos matarlos – dijo Cross.

-No – respondió Remiel. -Puede que sepan como llegar a la ciudad. Incluso puede que sepan algún atajo para atravesar el bosque.

-¡¿Crees que si supieran un atajo habrían acabado con esas pintas?! -exclamó Cross.

-Nada es nunca lo que parece -repuso Remiel.

Le tendió una mano a Anubis y le indico que se sentara cerca de la fogata. Le dijo lo mismo a Cristal con un gesto.

Ambos se sentaron abrazados cerca de la hoguera, nerviosos y asustados. Remiel les pidió que relataran como habían llegado hasta allí. Cristal se lo explico -obviando ciertos detalles, por supuesto – en cuestión de minutos.

-Podéis quedaros con nosotros hasta que lleguemos a la ciudad – dijo Remiel.

Los jóvenes asintieron. Querían volver a casa cuánto antes. No era gran cosa ni estaban a gusto en ella, pero desde luego era mejor que vivir en medio del bosque.

Remiel estaba conforme con ello. Si le conducían a la ciudad, era suficiente para el. Sin embargo, Cross parecía inquieto y molesto.

-Serán una carga – dijo.

-Será un camino corto – repuso Remiel. -Y si al final resultan ser una carga, yo mismo los mataré. Espero no tener que hacerlo.

Cross sacudió la cabeza y cambió de tema.

-Retomemos nuestra conversación anterior. ¿Cuál es tu plan? - pregunto.

-No puedo revelartelo todo de golpe. Pero mi objetivo es eliminar la discriminación. Quiero que todas las razas y todas las personas sean capaces de convivir unas con otras. Hay miles de motivos por los que se atacan unos a otros...Por religión, ideales, miedos...Quiero un mundo donde todos puedan convivir y se acepten unos a otros. Un lugar en el que los humanos, no, los seres vivos, dejen de matarse unos a otros – explico.

-¿Piensas que puede existir un mundo donde todos vivan felices y contentos? Porque, amigo, sintiéndolo mucho, debo decirte que es una estupidez -dijo Cross.

-Desde luego no espero un mundo ideal. Pero si espero lograr algo parecido. Al principio pensé en amenazar a los líderes de cada facción...Fue la primera idea que tuve, pero es probablemente la mayor estupidez que se me ha ocurrido. Hacerles convivir a la fuerza solo aumentará la tensión entre ambos lados. Así que...

-¿Así que...qué? -preguntó Cross.

-Así que voy a pedirles ayuda a los líderes de los planetas cercanos. Puede que no me escuchen, pero voy a intentarlo. No soy de los que se quedan sentados lamentándose. Puede que sea imposible, pero será más imposible si no lo intento. Además...

-¿Además?

-Nada. Como te comentaba antes, necesito un ladrón, para conseguir una nave, y un técnico que la mantenga estable. Si no me equivoco, estos chicos vienen de Sethep.

-Así es – dijo Anubis. Era la primera vez que hablaba en toda la conversación. -¿Por qué?

-Es una de las ciudades con el porcentaje de criminalidad más alto. No nos debería costar mucho encontrar un ladrón, si buscamos bien.

-Está bien Remiel -dijo Cross. -Te seguiré. Para empezar, quiero ver que hay más allá de este planetucho de pacotilla. Y en segundo lugar, quiero ver como lo haces para convencer a esos aliens estirados de que te ayuden. Si no me convence tu actuación, me largo.

-Trato hecho.


Capítulo 4 - El guerrero hábil con la lanza


Spoiler: Mostrar
Los cuatro llegaron a la ciudad en media hora. Era una ciudad vieja y hermosa. Uno de esos pocos lugares que se tornaban más bellos a medida que pasaba el tiempo. Los tejados negros que se habían vuelto blancos por la acumulación de polvo en ellos, las paredes hechas de ladrillos naranjas completamente visibles, las tiendas que no eran más que una mesa y una tela a modo de techo repartidas por toda la calle...Todo era bastante rústico, y a su manera, hermoso.

Anubis entró por la ventana de su casa, pues se la había dejado abierta. Remiel agradeció su estupidez. Anubis rebusco en el armario de su padre, y les paso una camisa y un pantalón a cada uno.

-Gracias – dijo Remiel. -Esto nos ahorra el tener que robar ropa limpia.

-¿No la echara en falta tu viejo? -pregunto Cross.

-Mi viejo solo hecha en falta al tabaco – repuso Anubis, pasandoles unos zapatos. -Esto es todo lo os puedo dar.

Era más de lo que habría esperado. Tenían que entrar en locales de poca monta, no podían ir de cualquier forma, ni demasiado estropeados ni demasiado relucientes.

-¿Seguro que no queréis ducharos ni nada? -preguntó Cristal.

-¿Sois muy complacientes, no? - replico Cross.

-¿Nos queda otro remedio? - respondió Anubis. -Hace menos de una hora has amenazado con matarnos...Y nuestros padres aún no han vuelto a casa, así que ser amables y esperar que os apiadéis de nosotros es nuestra única opción ahora mismo.

-Me gusta este chaval – dijo Cross.

Remiel lo ignoró. Aceptaron la invitación de Cristal a darse una ducha y se afeitaron y cortaron el pelo ellos mismos.

Se notaba la torpeza y la falta de costumbre...Justo lo que necesitaban. De todas formas, la gente con la que iban a hablar seguramente estaría o demasiado borracha o demasiado cachonda como para sospechar nada, pero era mejor ser precavido.

Remiel y Cross salieron por la puerta delantera. Ambos muchachos los siguieron, ya vestidos con su ropa habitual.

Remiel se giró hacia ellos y al ver sus miradas, se temió lo peor.

-Queremos ir con vosotros – dijo Cristal.

-Ni de coña – contestó Cross.

-¿Por qué? -pregunto Remiel.

-Para empezar, nos gusta tu forma de pensar – dijo Anubis. -Yo también quiero un mundo así. Pero sobretodo, quiero perder de vista a mis viejos. Tal vez encuentre algún planeta que considere bueno para vivir en él si te acompaño...Y en segundo lugar, te hemos ayudado bastante, creo, así que no puedes negarte.

-Te dije que serían una molestia – comentó Cross.

-Qué vengan – respondió Remiel. -Los pondremos a prueba. Si son útiles, se quedan. Si no...la tumba. Primera prueba, ¿Donde hay algún burdel? O cualquier sitio al que vaya gente de...digamos, poca clase.

-Hay un puticlub a las afueras – dijo Anubis. -Seguidme.

Los condujo hasta la otra punta de la ciudad. Era un edificio viejo, con un cartel de madera viejo e ilegible. Las ventanas eran rosas y no se veía el interior salvo un par de sombras.

Remiel y Cross entraron en el local y les dijeron a los hermanos que esperasen fuera. El interior del edificio estaba oscuro, solo había una pequeña luz morada iluminando toda la sala, llena de cómodos sofás y mesas negras de gran calidad.

En un escenario, una chica morena de grandes cualidades bailaba sobre una barra de acero, vestida únicamente con un sujetador negro, un pantalón cortísimo del mismo color, y unas medias de rejillas.

Los hombres borrachos clamaban que se quitara la ropa, mientras una pieza de música electrónica se repetía una y otra vez en la rocola.

El local daba pena por fuera, pero por dentro, era bastante elegante. Todo el presupuesto debía irse a mantener bien limpio y cómodo el interior.

Todos allí parecían bastante sospechosos, pero fue un chico de cabello azul el que llamo la atención de Remiel. Estaba recostado en un sofá con los brazos abiertos, y dos mujeres a cada lado, riendo como un idiota. Además de llevar un extraño tatuaje en la mejilla izquierda.

-¿Es un alien? -preguntó Cross.

-No. Mirale los ojos. Son humanos. O es un cruce, cosa poco probable teniendo en cuenta que en esta ciudad no viven alienigenas. -respondió Remiel.

-¿Es teñido? ¿Porque querría nadie que le confundieran con un alien?

Remiel suspiró.

-¿No lo ves? -dijo. -Para ti es un idiota, pero para las chicas...las chicas no muy listas, es un rebelde.

-Déjame adivinar – dijo Cross. -Vamos a intentar convencerle a él.

-Exacto.

Remiel se dirigió al circulo de cómodos asientos y se coloco justo en frente del hombre peliazul. Como pensaba, sus ojos eran humanos. El chico ni le miro y siguió tonteando con las chicas.

Cross se sentó cerca de la barra y pidió una copa. Se dedico a observar el espectáculo. Remiel miró al chico fijamente hasta que este se percató de su presencia...Lo cuál le llevo bastante tiempo.

-¿Y tú eres? -dijo. -Lo siento, pero no me interesan los hombres.

-¿Cuál es tu nombre? -preguntó Remiel.

-¿Osas preguntar como me llamo, patán? -dijo poniéndose de pie. -Yo soy el más alto, listo, guapo e inteligente ser que conocerás en toda tu patética existencia, miserable humano. Me llamo Jeral. Y a partir de hoy, tu vida cambiara para siempre, pues mi nombre te llenara de gracia.

Remiel sintió la tentación de darle de hostias, pero se contuvo. Era el único de todo el bar lo suficientemente joven y, aunque odiase reconocerlo, con el único físico en condiciones para ayudarle.

-Quiero pedirte un favor, Gerard.

-Gerard no, Jeral – corrigió Jeral. -Escucho.

-Hay algo que quiero...-comenzó Remiel.

-¿Mi cuerpo?

-No – dijo Remiel con toda la seriedad del universo. -Quiero un transporte. Me han dicho que aquí...Os encargáis de esa clase de cosas.

-Quieres una nave – dijo Jeral.

-¿Cómo lo sabes?

-¿Sabes cuántos paletos vienen pidiéndome una nave día si y día también? ¿Crees que si pudiera robar una nave estaría en este planeta de mala muerte?

-En ese caso, ayúdame a ro...conseguir una. Mi equipo te ayudara – repuso Remiel.

Jeral se recostó en el sofá y cruzo los brazos.

-¿Y tu equipo consiste en...?

-Un psicópata y dos adolescentes.

-¡Es el mejor equipo que podría tener! -exclamo Jeral, sarcástico. -Además, ¿Qué sacaría yo de ayudaros?

-Seguro que deseas algo...Por insignificante que sea, todos deseamos algo.

-Dame tiempo para pensarlo – contestó Jeral.

Remiel y su grupo pasaron tres noches en un hotel. Remiel sabía que Jeral no aceptaría su oferta, es más, sabía que la primera noche había salido de la ciudad.

Él y los demás pasaron la noche en un hotel. Anubis y Cristal no volvieron a casa, por mucho que Remiel insistiera en ello.

Confiaba en que al primer problema se asustaran y salieran huyendo.

-Ese capullo no va a volver – dijo Cross.

-Volverá -respondió Remiel. -Estoy totalmente convencido.

-¿Cómo lo sabes? -preguntó Anubis.

-Porque le he quitado la cartera – dijo Remiel, sacando una cartera verde y sorprendentemente hinchada. -Fue muy fácil. Quién roba a un ladrón...

-Veamos que hay dentro – sugirió Cristal.

Remiel abrió la cremallera de la cartera y decenas de preservativos de varios colores emanaron de ella. También cayo un cuadrado de papel de cristal, el que se utiliza para las fotografías.

Remiel ignoro los preservativos -aunque los jóvenes parecían entusiasmados con ellos-y cogió el cuadrado, desdoblandolo.

-¿Qué es? -pregunto Cross.

-Es la foto de una chica...

...


Jeral se dirigía a la montaña. ¿Llevarle a robar una nave con cuatro inútiles? Por favor. ¿Y luego qué, llevarle al planeta de agostini? No tenía tiempo para aquello, al fin y al cabo estaba en Sethep de paso. Habia pasado dos meses allí, ya eran demasiados.

Se encontraba sumido en sus pensamientos cuando un chico salió de entre las rocas y le ataco.

Jeral le esquivo saltando hacia atrás.

-Hola, papa -dijo el muchacho.
Última edición por Jeral. el Vie Sep 07, 2012 11:32 pm, editado 2 veces en total
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Re: [P][+18]Utopía

Notapor Jimmy3424 » Jue Mar 15, 2012 5:36 pm

La polla Chris! hahahaha

primero de todo, gracias por subirlo a mediafire, es mucho mas comodo leerlo en openoffice
lo de grabar tu voz mola la idea

y sobre el fic

Spoiler: Mostrar
me han gustado mucho los dos capitulos, ahora parace una peli o cualquier serie en plan one piece que el prota recoge a la gente necesita para su tripulacion para conseguir un objetivo
la parte XXX MUY GUAY xDDD lo del sexo entre hermanos es una movida super grande, son adoptados o algo??
y sobre el 4º capi, me he reido muchisimo cuando el tio de pelo azul se llamaba jeral xDDd


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Re: [P][+18]Utopía

Notapor ditron » Vie Mar 16, 2012 4:30 am

Pero que guarro nos salieste Jeral. XDDDDD

Ha molado, la hermana debe estar bien buenorra para que el hermano se la quiera follar XD Y salio Gerard.. digo Jeral! XD

No pongo mas porque no se me ocurre nada mas X_D, ta' luego, poyumbo.


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Re: [P][+18]Utopía

Notapor LF » Vie Mar 16, 2012 5:02 am

Han estado bien este nuevo par de capis.

Las escenas guarras, bien.

Luego la aparición de Jeral xDDDDDD.

No hay mucho que decir, esperando el siguiente :D
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Re: [P][+18]Utopía

Notapor Jimmy3424 » Mié Mar 21, 2012 9:30 pm

pa cuando el proximo chris? :(
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Re: [P][+18]Utopía

Notapor Jeral. » Jue Mar 22, 2012 1:17 pm

Supongo que esta semana que entra.

No he tenido tiempo de escribir más que una página de las cuatro que suelo poner. No creo que tarde tanto como con Reset, pero prefiero no prometer nada xD.
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Re: [P][+18]Utopía

Notapor ditron » Jue Mar 22, 2012 5:38 pm

Si no cuelgas el siguiente capitulo despues de este post, haras que la muerte de Sieg sea en vano, y recuerda, Sieg tiene mas peso que Jellal XDDD


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