Capítulo II. El Infierno de Tsunade.
“Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno”.
Oscar Wilde
Cambió la hoja del libro que leía. Sentada sobre el sofá color albaricoque de la sala de espera. Observó a los alumnos que poco a poco llenaban los pasillos de la universidad a la cual asistiría; identificó entre ellos a los grupitos de siempre…Los populares, los góticos, los punks, los deportistas, los skate y hasta los nerds.
Rió internamente, recordando la faceta que arrastraba en la preparatoria… Como fue marginada, como fue burlada, apretó los puños con rabia. Los lentes oscuros cubrían el color extraño de sus ojos, siguió con la lectura de su libro.
El ruido sordo de unas zapatillas, hizo que girara la vista hacia la puerta que estaba a un lado de ella. Notó como una mujer rubia de busto exuberante, entraba apresuradamente sin siquiera mirarla; recordó a aquella persona que intentó salvarla mientras moría desangrada, esa misma persona que ahora le estaba dando la espalda, y que era perseguida por una extraña aura negra.
Aquel ser, formo unas grandes garras que estaban a punto de rebanar la espalda de la rubia. La joven se levanto súbitamente de su asiento, mostrando sus ojos blancos, provocando que esa forma oscura se desvaneciera por completo.
—Usted esta maldita. —Soltó seria.
—No pude escucharte. —La rubia se giró. — ¿Hablabas conmigo?
La joven hizo una pequeña reverencia, mostrando educación. Sonrió.
—M-mi nombre es H-hyuuga Hinata. —Le ofreció la mano. —U-usted d-debe ser Tsunade-sama.
—Oh, la nueva alumna. —La mujer imitó el gesto, después abrió la puerta de su oficina. —Entra.
Las sombras que se escurrían entre las paredes de la sala de espera, formaban sonrisas siniestras. Siluetas perversas que veían como la Hyuuga les miraba con frialdad y poco a poco se fueron desvaneciendo.
—Una gran maldición. —Cerró la puerta detrás de ella.
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—Antes de comenzar la clase. —Habló un hombre de cabellos castaños y con una cicatriz en el rostro. —Démosle una bienvenida, a su nueva compañera…
Las voces, las risas y las quejas de los alumnos desaparecieron al ver a la joven de cabellos negros entrar. Ella se colocó frente a ellos e hizo una reverencia; comenzó a jugar con sus dedos mientras sus mejillas adquirían un color carmesí.
—B-buenos días. —Su voz parecía temblar. —M-mi nombre es H-hyuuga Hinata… P-por favor, c-cuiden de mi.
Todos notaron los lentes oscuros que ella llevaba, más no dijeron nada, creyendo que la joven era ciega. Sonrieron en señal de aprobación.
—Puedes tomar asiento detrás de Naruto. —El hombre espero la queja del rubio, pero esta no llego. — ¿Dónde está Naruto?
Nadie contesto; el hombre molesto regresó a ver a la puerta, como si esperará que alguien fuera a llegar.
— ¡Buenos días, Iruka-sensei! —Gritó feliz, mostrando una gran sonrisa. — ¡Naruto Uzumaki, ya está aquí!
— ¡Naruto! —Vociferó el hombre. — ¿Qué horas son estas de llegar?
—Iruka-sensei. —Ensanchó su sonrisa. —Tranquilo, ya estoy aquí…Además, ¿Por qué solo se enoja conmigo? Ellos también llegaron tarde…
El rubio señalo a los seis jóvenes que le seguían. La única mujer de entre ellos, avanzó hacia el profesor, sonriendo nerviosamente. Hinata que un permanecía de pie junto a Iruka, observó el extraño color de cabello de aquella joven.
—Disculpe Iruka-sensei. —Juntó ambas manos en señal de perdón. —Pero, ya sabe como es Naruto…Y por su culpa se nos hizo tarde.
—Me extraña de ti, Sakura. —El hombre se rascó la cabeza. —Y de Sasuke, pero siempre se dejan llevar por Naruto.
El azabache que se encontraba a un lado de Sakura, se cruzó de brazos y bufo molesto. Giró la cabeza hacia otro lado.
—Pueden entrar, pero que no se vuelva a repetir. —Hizo el ademan para que pasaran. Se dio cuenta que Hinata aun permanecía de pie. —Oh, y hay una nueva alumna, espero que sean educados con ella…Hyuuga Hinata.
— ¿H-hinata? —Preguntó Sakura, giró rápidamente hacia la nombrada.
Los otros seis jóvenes se quedaron quietos, sin hacer movimiento alguno. Miraron a Sakura, pero aún así no entendían la reacción de su amiga; después dirigieron su vista hacia la nueva alumna. Notaron los grandes lentes oscuros que ella llevaba.
Sin embargo, para el azabache aquella chica le era familiar.
Siguieron avanzando, hasta llegar a sus respectivos asientos; Sakura aún se encontraba aturdida. Sus amigos la miraban en silencio.
— Pero, ¿Por qué tienes lentes? —Preguntó Naruto. —Aquí no da el sol.
—Idiota. —Lo regañó otra joven. — ¡Es ciega!
—Basta ya. —Soltó Iruka, mientras trataba de controlar la situación. —Tengan respeto a su compañera.
La Hyuuga sonrió arrogantemente mientras se quitaba aquellos lentes. Una extraña sensación de satisfacción obtuvo al ver, los rostros sorprendidos de los siete jóvenes que la miraban. Su sonrisa se ensancho cuando se dio cuenta que su búsqueda de más de dos años, había dado frutos.
Los había encontrado.
—L-lo siento. —Sus mejillas se sonrojaron instantáneamente. —Y-yo no e-estoy ciega.
Bajó la mirada hacia el suelo.
Pero el Uchiha no dejaba de mirarla, trataba de disimular su sorpresa, pero era inevitable…Esa chica que estaba a escasos centímetros de él, era idéntica a la anterior Hinata. La que murió atropellada, la que al dar el último respiro lo miró fijamente, clavando aquellos ojos azabaches en el.
Despabiló un poco, giró su vista hacia la ventana, pero eso no podía evitar que su corazón no se acelerara.
— ¡B-bienvenida, Hinata! —Soltó entusiasmado el rubio de su amigo.
Mientras Sasuke, ahora se preguntaba, ¿Cómo Naruto, podía ser tan estúpido? ¿Acaso el era el único que había notado el gran parecido de aquella chica?
Pero que podía esperar de su amigo…Dudaba siquiera que él hubiese conocido a esa Hinata, la que ahora yace muerta.
— ¡Naruto! ¡Puedes callarte! —Gritó Iruka. —Para que pueda empezar con la clase…Hinata, por favor siéntate.
—Oh, l-lo siento. —Hizo una reverencia y se acomodo en su respectivo lugar.
Sasuke contempló como ella se sentaba, acomodaba su bolsa y sacaba su libro. Observó como el largo y negro cabello de la chica se movía de un lado a otro tan sutilmente, pudo notar los destellos azules que este irradiaba; el olor a lavanda llego hasta a él. Sonrió sin poder evitarlo.
—Uchiha-san. —La joven regresó a verlo, sus ojos azabaches lo miraban delicadamente.
— ¡Mierda! —Se echó para atrás al notar el color de sus ojos, parpadeo unas cuantas veces.
¿Cómo no se había dado cuenta?
Estaba reviviendo su pasado en la preparatoria. En como aquella Hinata se sentaba delante de él, en como ella le llamaba “Uchiha-san”. El mismo olor que desprendía…Todo era idéntico.
— ¿S-se encuentra bien? —Preguntó por cortesía. —S-se ve u-un poco p-pálido.
Lo miró asustada, mientras los demás lo observaban sorprendidos por su reacción. Iruka se mantenía de pie con un libro en su mano, sin quitarle la vista.
—Sasuke, ¿Te encuentras bien? —Cuestionó. —Puedes ir a la enfermería.
—Estoy bien. —Respondió fríamente, un poco ya repuesto. —No es necesario.
Hinata le dio la espalda rápidamente. Sasuke se maldecía por dentro al demostrar debilidad ante los demás y sobre todo a la chica nueva.
¿Por qué los demás seguían tranquilos? ¿Por qué a ellos no les afectaba tanto como a él?
La razón era sencilla…La culpa que había reprimido después de aquel fatal accidente, volvía a surgir, carcomiéndolo por dentro, y tal vez, las pesadillas retornarían…Dejándolo sin dormir de nuevo.
—Entonces, comencemos con la lectura. —Iruka siguió con la clase. —La Era Meiji, marcó el declive de la clase samurai y de las antiguas tradiciones…
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—Vaya, esa chica es idéntica a…—Kiba los miro detenidamente. —Hinata.
Sakura se tallaba las manos nerviosamente, con la mirada baja tratando de entender la situación. Shikamaru solo se rascaba la cabeza mirando hacia la ventana; los demás permanecían callados.
—Esto es muy problemático…Pero, solo es una casualidad. —Soltó el castaño.
— ¿Casualidad? —Preguntó indignada. —Tienen el mismo nombre, el mismo rostro…Hasta tartamudean igual.
—Sakura. —La llamó Naruto. — ¿Por qué estas así? Digo, aquella Hinata murió en un accidente…Y no todos la conocimos.
La joven se levantó súbitamente de su asiento, apretó los puños con fuerza, caminó hacia el rubio con la intención de golpearlo; paró en seco al darse cuenta que se estaba poniendo en evidencia. Lo miró aterrada y salió corriendo del salón en el que se encontraban solo los siete.
—Eso fue raro. —Murmuró Kiba. — ¿Verdad, Naruto?
Pero el nombrado solo miraba la puerta que había cruzado aquella pelirosa, regreso a ver a sus amigos; se rasco la mejilla y sonrió.
—Creo que “la vieja”, no fue la única afectada con ese accidente. —Bajó la cabeza.
Sasuke giró hacia Naruto. Y se dio cuenta de algo importante…Sakura y él, tenían un secreto que esconder, pero que al parecer estaba a punto de revelarse.
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Caminaba entre los pasillos oscuros y solitarios de su escuela. Aferrándose a la pared para no caer; las lagrimas salían de sus ojos color jade, las limpió de su rostro.
El sonido de unos pasos detrás de ella le hicieron girarse…No había nadie. Tragó saliva y siguió avanzando, nerviosa y temerosa aumentó la velocidad; los pasos se hacían más cercanos. Las luces de aquel lugar se apagaban y encendían, las sombras que se escurrían de las paredes hacia el piso, trataban de sujetarla.
— ¡Ah! —Gritó con fuerza, cayó al suelo pero se levantó rápidamente. — ¡Ayuda!
Corría lo más rápido que podía, su cabello color rosa se movía de un lado a otro, tratando de llegar al lugar donde se encontraban sus amigos; tropezó y rodó por las escaleras que daban al primer piso.
Tirada boca abajo, sobre el suelo, fue levantándose poco a poco, observo la sangre que salía de su rodilla izquierda, alzó la vista hacia las escaleras…No había nadie. Limpió sus manos sucias, y fue caminando hacia la salida.
—Estúpida. —Se regañó. —No hay nadie…
Una mano oscura brotó del piso, tomándola del pie. Sakura cayó inevitablemente, golpeándose la cabeza. Aquella sombra comenzó a arrastrarla por todo el suelo. Arañándole la piel, la sangre salpicaba sus zapatos.
— ¡Ayuda! —Gritó aterrada. — ¡Ayuda!
Dos manos la sujetaron fuertemente. Miró a Naruto y a Sasuke que forcejeaban con aquel ser. Shikamaru, Kiba, Shino y Chōji, halaban al rubio y al azabache con fuerza; ese ser oscuro soltó la pierna de Sakura y todos ellos cayeron al suelo.
— ¿Qué fue eso? —Preguntó Naruto. — ¿Qué era esa cosa?
—Levántense, no nos quedaremos a averiguarlo. —Sasuke sujetó la mano de la pelirosa y comenzaron a correr hacia la puerta. — ¡Levántense!
Todos lo imitaron y fueron detrás de él. Pero una sombra se alzó delante de ellos, llegando hasta el techo, saco unas grandes garras. Ellos giraron hacia un salón y entraron en el.
— ¡Enciendan las luces! —Soltó Shikamaru. —Son “sombras”, con la luz se irán.
Kiba y Chōji obedecieron. El lugar se lleno de luz, los siete jóvenes se alejaron de la puerta. Naruto tomo su celular e intento marcar.
— ¿A quién le vas a llamar? —Preguntó Sasuke. — ¿A los “caza fantasmas”? Idiota, te creerán un loco.
—Pero, ¿Qué vamos a hacer? —Lo miró molesto. —Tonto Iruka, el tiene la culpa por castigarnos y obligarnos a quedarnos a limpiar el salón…
—Ya, calmados. —Los llamo Shikamaru. —No arreglaremos nada con discutir.
—C-chicos. —Habló Sakura.
— ¿Y qué vamos a hacer? —Cuestionó Kiba. — ¿E-esa cosa es un fantasma? ¿Un demonio? ¿Un producto de mi imaginación?
—C-chicos. —Los volvió a llamar.
—Miren, lo que haremos será bajar por la ventana. —Explicó Shikamaru. —Las luces de afuera están encendidas.
—C-chicos…
— ¿Qué quieres Sakura? —Preguntó molesto el azabache.
—L-la luz. —Señalo el piso. —Crea sombras…
Observaron lo que su compañera les señalaba. La luz del salón formaba sombras con los asientos y una de ellas llegaba hasta la puerta. Aquel siniestro ser se colaba por aquel lugar.
Kiba se dirigió hacia él para tratar de quitar la butaca, y evitar así que esa cosa entrara; pero la sombra lo tomo del cuello arrojándolo hacia los demás asientos.
— ¡Kiba! —Gritaron los demás. Corrieron hacia él.
—Mierda. —Maldijo adolorido. — ¡Mi brazo!
—Vamos Kiba, debemos salir de aquí. —Soltó Shino, tomándolo del otro brazo para que este se recargara sobre él. —Esa cosa quiere matarnos.
—Shino, créeme que ya me di cuenta de eso. —Respondió angustiado.
Las luces del salón fueron apagándose una por una, el ser oscuro avanzó hacia ellos. No había donde escapar. Formó de nuevo unas grandes garras, de esas escurría un liquido negro, una risa siniestra salió de él; lanzaba las bancas hacia los costados para abrirse paso. Los siete jóvenes se echaban hacia atrás sin poder hacer nada. Otras formas perversas fueron formándose detrás, sus risas burlonas les hacia comprobar que lo que estaban viviendo era real. La criatura rasgaba los asientos, destrozándolos completamente; abrió la boca mostrando sus largos dientes afilados dispuestos a destazar. Sus ojos rojos los miraban con hambre.
Fue acercándose más a ellos, tanto que podían oler su aliento, que apestaba a algo en estado de descomposición. Sasuke podía ver la lengua que salía de ese ser, relamiéndose y tratando de probarlos. Alzó la gran garra frente a ellos…El zarpazo iba hacia sus cabezas.
—H-hola. —Pronunció temerosa, mientras encendía la luz. — ¿S-se encuentran b-bien?
— ¿Qué? —Preguntó Naruto muy asombrado. — ¿D-dónde está esa cosa? ¿Dónde e-esta?
— ¿C-cual cosa? —Cuestionó. — ¿E-en verdad se e-encuentran bien?
—Claro. —Se levanto Sakura mirando todo el lugar. —N-nos quedamos limpiando el salón y las luces se apagaron… ¿Y tú, Hinata?
—Oh, y-yo estaba l-leyendo en la b-biblioteca. —Jugó con sus dedos. —P-pero vi que era tarde, así que vine por mi bolso.
Señaló el objeto que colgaba de su brazo. Los otros jóvenes fueron levantándose aturdidos, sin entender que había pasado. Hinata salió hacia el pasillo, el cual se encontraba iluminado y completamente vacío.
—B-bueno, yo me voy. —Se despidió haciendo una reverencia. Sus ojos blancos llenos de burla los miraban detenidamente. —N-nos vemos.
— ¡No! —Alzo la voz Sakura. —M-mejor nos salimos todos juntos, la escuela está muy sola… ¿Verdad chicos?
Sus compañeros asintieron; el azabache bufó molesto y avanzó solo por el pasillo, los demás le fueron siguiendo. Salieron del edificio hacia la entrada principal. Mientras Hinata caminaba detrás de ellos, completamente callada, se detuvo para regresar la vista hacia el edificio, en la parte alta, justo en la ventana de la oficina de la directora…
—No vamos a decir nada de lo que sucedió hoy. —Explicó Shikamaru. —Tal vez fue una alucinación colectiva, así que “nada” paso aquí.
—P-pero todos nosotros lo vimos. —Alegó Naruto.
—Claro. —Asintió Kiba, los demás hicieron lo mismo. — ¡Creerán que estamos locos!
—Yo no creo poder dormir hoy. —Habló Chōji. —O con las luces apagadas.
—Ya. —Les llamo la atención. —Prometamos que no diremos nada de esto…A nadie.
—Ok. —Respondieron los otros cinco, mientras Sasuke solo asentía. —Nuestra boca es una tumba.
La Hyuuga podía ver, el rostro serio de la rubia que los observaba. Vio las otras sombras que la acompañaban. Tsunade se retiro del cristal, mientras aquellos seres iban desapareciendo.
—Su propio infierno. —Soltó.
— ¡Eh, Hinata! —La nombrada regreso a ver al rubio que la llamaba. — ¿Hacia dónde vives? Ya es tarde como para que te vayas sola.
Ella sonrió, pero internamente se burlaba de ellos. Porque sabía, que no necesitaba un “príncipe azul” que la cuidara, hace tiempo había dejado de creer en él; y la única razón por la cual ella había regresado, era para buscarlo y hacerle pagar…Por su muerte.
—Hacia el sur. —Señaló la calle.
—Mira que casualidad. —El rubio empujó al azabache. —Sasuke vive por esos “rumbos”.
—Tsk. —El nombrado chasqueó la lengua y siguió avanzando. —No me detendré a esperarte Hyuuga.
La joven corrió para alcanzarlo. Los otros chicos siguieron su camino.
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El azabache seguía avanzando, mientras ella caminaba detrás de él. Notó su porte estoico y arrogante, también el aura que emanaba…Soledad.
Se detuvo en seco.
—D-disculpe. —Ella trató de llamarlo. Sasuke se detuvo para verla. —A-aquí vivo yo.
Señaló una gran mansión, completamente oscura y abandonada. El Uchiha se extraño al ver ese lugar, levanto una ceja y se cruzo de brazos.
—Supongo. —Le dio la espalda para seguir con su camino.
—G-gracias por a-acompañarme. —Hizo una reverencia pero él no se detuvo. Desapareció en las solitarias calles de la ciudad.
Hinata miró hacia la acera de enfrente, y entre los arbustos pudo percibir dos grandes ojos brillantes, que parecían seguir al azabache. Chifló sutilmente; las luces de su casa se encendieron, mientras un gran perro negro salía de la puerta. Marchó hacia ella.
—“Izanagi”. —Acarició el oscuro pelaje. —Sigue al tal Sasuke, y protégelo de esa “cosa” que lo sigue.
El perro corrió por la calle. Y se perdió en la oscuridad.
—Vaya, “el infierno de Tsunade” se ha extendido por toda la ciudad. —Observó el cielo lleno de estrellas, avanzó hasta su casa. Abrió; delante de ella apareció, una mujer cuyo rostro era tapado por su cabello. — Y ahora tú, ¿Que hare contigo?
Cerró la puerta detrás de ella.