Beutiful Blood[P][18]ORIGINAL

rogerstark
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Beutiful Blood[P][18]ORIGINAL

Mensaje #1 por rogerstark » Sab Jun 03, 2017 6:20 am

En la devastada llanura, la ceniza que viajaba con el viento se confundía con la niebla, derivando en una espesa nube que irritaba los ojos de los soldados.
Las provisiones de agua eran escasas, y nadie se atrevería a alejarse de la formación para buscar más. Había cosas moviéndose en la niebla; malas cosas.
Los guerreros habían llegado hacía un mes, con una fuerza aproximada de 8.000 hombres y por entonces la llanura era un lugar verde lleno de vida.
Ahora, sólo quedaban 2.000 y la zona estaba quemada y gris.
Los pocos oficiales sobrevivientes dispusieron a sus fustigadas tropas en una formación cuadrangular, y los obligaban a estar despiertos día y noche. Cada vez que la oscuridad cubría el firmamento, la muerte corría entre el ejército. Esta vez, sin embargo, parecía que no estaba dispuesta a esperar al final del día.
Las sombras en la neblina comenzaron a adquirir forma. Cientos de ojos rojos rasgaron el manto nebuloso.
Fue rápido. Rápido y brutal.
Hojas de acero atravesando la carne; gritos desesperados, colmillos abriendo cuellos, sangre manchando la ceniza.
Cuando se dejó de oír el último gemido, la visibilidad mejoró y los resultados de aquella carnicería quedaron expuestos.
Los vencedores (unos 200) se congregaron en torno a su líder, un hombre alto, que portaba un yelmo que solo dejaba ver sus ojos azules, gélidos como el invierno.
-Ha sido una gran victoria mi señor-lo alabó Percius, su veterano subcomandante-acabó con est enorme fuerza invasora con tan solo un batallón en menos de un mes. Esas sabandijas ya no se atreverán a hacer incursiones en nuestro reino.
El jefe de los vampiros suspiró y se llevó las manos a la cabeza. Con un chasquido metálico, se sacó el yelmo y dejó su rostro al descubierto. Su cara era la de un joven de 19 años, de cabellos negros, tez pálida y ojos fríos. En ese momento, una expresión de fastidio atravesaba su rostro, como si la reciente matanza se hubiese tratado de una tarea simplona y aburrida:
-Eran solo unos lastimeros conejos asustados, no valían la pena de venir hasta aquí-se quejó-no sé a qué juega su Majestad cuando nos manda a misiones como esta. De sobra hemos demostrado nuestra valía para enfrentar situaciones más difíciles.
-Cómo usted dice, ya hemos ganado muchas batallas terribles, y quizá esa sea la razón de que la Reina prefiera encomendarnos estas misiones de segundo orden-razonó Percius.
El general lo observó fijamente con el seño fruncido:
-Somos una de las mejores compañías del Reino. Nuestra tierra está amenazada por hombres lobo, troles, elfos y otras bestias. No es el momento para darnos trabajos simples. Hablaré con su Majestad cuando volvamos, porque esto es indignante.
…….
Gracias a la condición física superior de los vampiros, los viajes que para un humano serían de un mes, ellos lo transitaban en una semana.
La compañía se metió en un paso que discurría en medio de dos precipicios y el joven general Danerion dio la señal de aminorar la marcha. A pesar de que su líder los había exigido al máximo en aquella marcha, los guerreros se veían contentos: estaban cerca de llegar a casa.
-¿Cree usted que su Majestad lo escuchará?-quiso saber Percius.
-Su Alteza siempre está dispuesta a oír a su mejor vasallo.
No cabían dudas de que Danerion era el guerrero favorito de su Majestad. La reina Mircala había pedido conocerlo tras que el joven venciera al ejército del Lobo Rojo con 14 años y desde aquel momento no había ocultado su fascinación y favoritismo por Danerion. Era tal la confianza que se había ganado en ella, que incluso cuando quería hablar con él lo hacían en la misma habitación de la Reina, a solas. Por supuesto, también corrían los rumores de que en la intimidad de los aposentos de su Majestad, ella y el joven hacían algo más que charlar…
De pronto, el aire se cortó y una flecha apareció clavada al suelo frente al líder de la compañía. De inmediato, los vampiros desenvainaron sus armas y comenzaron a mirar en derredor para descubrir al arquero. Unas pequeñas piedras se desprendieron y cayeron desde el precipicio del costado. Entre los resquicios de las rocas, comenzaron a asomar figuras vampiras; una de ellas, conocida por todos los presentes. Se trataba de un joven de piel pálida, pelo castaño claro y rostro taimado.
-¿Qué demonios es esto, Voltigern?-le espetó Danerion.
Un escalofrío recorrió a sus tropas.
-Señor…-le susurró Percius-…por favor, contrólese. Está hablando con…
-¡Príncipe Voltigern, Dbasura!-chilló el príncipe.
-Como diga, “su majestad”-escupió el joven general-¿Qué no ves que vengo de una misión larga y quiero volver a casa? Dime, ¿Qué es lo que quieres?
La cara del príncipe se contrajo en una mueca que oscilaba entre la risa y el odio:
-Tu cabeza.
Danerion arqueó una ceja:
-No seas estúpido; si intentas tan solo tocarme, te cortaré las manos.
-¡Mi señor!-se escandalizó Percius.
-Serás castigado Danerion, por tu horroroso crimen contra la corona.
El que hablaba era un vampiro alto, de barba punzante y cejas pobladas.
Sus hombres parecían estar petrificados, pero el general se reía despreocupadamente:
-Valek, ¿Cómo has estado? No te veía desde que me dieron tu puesto.
El odio de Valek era casi palpable.
-¿De qué se me acusa “príncipe Voltigern”? ¿De provocarte envidia?
Nuevamente, fue Valek el que contestó:
-Se te acusa de violar y abusar de la prometida del Príncipe Voltigern, la señorita lady Mirilys, cuando habías sido designado para cuidar de ella en el trayecto desde la fortaleza de su Clan hasta la Capital. La sentencia se llevará a cabo sin juicio previo, dado que la inocente lady Mirilys no sería capaz de mentir.
Cuando termino de decir esto, los recién llegados vampiros desenvainaron sus espadas. Las tropas de Danerion pronto los imitaron.
-¡Soldados!-les gritó Voltigern a los hombres del joven general-se están levantando contra su Corona.
Sin embargo, ninguno hizo amago de bajar las armas.
-Nunca me traicionarían por ti, por más príncipe que seas. Jamás abandonarían a su líder, que a sangrado con ellos, por un bobo noble afeminado que nunca pisó un campo de batalla.
La risa de Danerion y sus tropas inundó el paso.
-Ya hemos tenido suficiente, te entregaras y se aplicará en ti la justicia real, o si no, mi Madre…
-¿Tú Madre? ¿Crees que la Reina le hará algo a su mejor vasallo solo por darle una lección a su avergonzante hijo? Dime, ¿Cuándo te diste cuenta de que Mirilys no era casta? ¿Por lo menos llegaste a encamarla, verdad? ¿O tal tuvieron que decírtelo las sirvientas?
La furia se apoderó de Voltigern:
-Veo que tu lengua es tan afilada como cuentan. Veamos si con la espada eres igual.
Dos vampiros salieron disparados de entre las piedras con lanzas en las manos en dirección a Danerion. El general desenvainó velozmente su espada. Ambos atacantes lo pasaron de largo sin hacerle nada y cuando tocaron el piso, estaban muertos.
-Tendrás que hacerlo mejor si pretendes que…-
Entonces, una expresión de sorpresa e incredulidad se apoderó del rostro de Danerion. Una larga hoja metálica lo había atravesado por la espalda y la punta le sobresalía por la barriga.
Ahora, era Voltigern quién reía.
-Lo lamento-musitó Percius-amenazó con matarnos a nosotros y a nuestras familias.
Sintió un sonido de succión y un dolor punzante cuando el traidor retiró la espada. Se tambaleó hasta caer de bruces contra el suelo.
Su primer pensamiento fue que en su trayectoria militar había recibido heridas mucho más graves e incluso así había seguido batallando, pero en esta ocasión, se dio cuenta de que no podía levantarse.“Debe haber envenenado la hoja” pensó, antes de desvanecerse.
La risa de Voltigern fue estruendosa y cruel:
-Mírenlo; miren al Cazador de Ojos, al Matalobos, jaja, muerto por la espalda jajajajaj.
De pronto, algo comenzó a emanar de la herida de Danerion; un extraño vapor oscuro.
-¡Maldición!-exclamó Percius- todos atrás, es la Sombra.
-¿Qué está pasando?-preguntó Vortigern a nadie en particular.
Una especie de vapor negro fluía desde el corte en la espalda del joven general y adoptaba la forma de una persona con pelos de punta y ojos violetas.
-Danerion es un Nosferatu igual que usted, mi señor-respondió Valek- por ello, posee dominio sobre un elemento. En su caso, la Sombra.
La criatura medía casi dos metros, y cuando se alzó en toda su altura, los traidores chillaron de terror; habían enfrentado y vencido a muchos monstruos a lo largo de su vida, pero pocos eran tan terribles, tan impredecibles, tan implacables como la Sombra que controlaba el general Danerion.
Sin embargo, la bestia bajó los brazos y rodeó con ellos a su amo herido. Luego, le dio la espalda a Percius y a la compañía y se observó el precipicio que tenía a su lado.
-¡Deténgala!-ordenó el Príncipe, que se había anticipado a las intenciones de la criatura; sus dos escoltas, vampiros de considerable tamaño, empezaron a inhalar con violencia .
La bestia saltó hacia las rocas en el mismo momento en el que dos de los acompañantes del Príncipe arrojaban una esfera de fuego que pasó rozando a los fugitivos. El monstruo y su señor huyeron por la ladera del acantilado, con algunas flechas rozando sus cabezas.
-No…-susurró Valek-estamos cerca de los alrededores de la capital. Debe querer llevarlo a la base de su clan.
-¿Tanto te preocupa eso? Su clan no es ni siquiera una sombra de lo que era. Sólo le quedan un puñado de familiares y muchos son niños pequeños.
Valek no le contestó nada al Príncipe, en parte porque sabía que odiaba que lo contradijesen y en parte por orgullo propio; cuando había enviado a Danerion a aquella misión suicida contra los cíclopes, también era un niño.
………………
La Sombra atravesó los límites de los territorios del Clan y se adentró en el bosque de la familia Tepes. La banda de perseguidores la siguió, internándose entre la espesura ininterrumpidamente, hasta que Valek detuvo con el brazo a Voltigern.
-¿Qué rayos haces?-le recriminó el hijo de la Reina.
-Salvo su vida, su Majestad. Ese bosque es demasiado peligroso. Se podría decir que tiene vida propia. Allí, las Sombras vagan en libertad y nadie las controla, ni siquiera los Tepes.
El soberano se quedó unos instantes meditando frente a los árboles. Finalmente, dio media vuelta y, antes de irse, le dedicó una última mirada al oscuro bosque.
-Lo talaré.
…..
-¡Madre!... ¡Oh, Madre! Nuestro líder está moribundo…
El grito del joven vampiro resonó por todos los pasillos del edificio central del clan Tepes, y algunos de sus habitantes salieron de sus habitaciones para ver el origen del alboroto.
La Madre estaba meditando en su cuarto cuando depositaron al desvanecido Danerion frente a ella.
-Madre, haz algo, ¡Sálvalo!
La vampiresa se arrimó sobre su sobrino moribundo y de un solo vistazo analizó el daño.
-Lo atravesaron con una espada envenenada con saliva de basilisco. Podemos salvarlo, pero me llevará tiempo. Tengo que congelarlo para preservar su salud; luego podemos empezar el tratamiento.
La Madre comenzó a recitar un hechizo antiguo, conocido solo por algunos pocos brujos sanadores expertos. Una luminosidad rojiza comenzó a brotar de la nada y a condensarse en torno a Danerion. El vapor y el humo se solidificaron y en medio de la sala quedó lo que parecía un gran rubí con una persona a dentro.
La Madre se levantó y miró fijamente al medio de la gran piedra, en donde se encontraba el herido general:
-Resiste, Danerion…resiste…
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