IMPORTANTE: Leed por favor

De dónde venimos (Trama)

Moderador: Masters Interpretación

elTrenVerde
Miembro de Akatsuki
Miembro de Akatsuki
Avatar de Usuario


Mensajes: 1591
Registrado: Mié May 25, 2016 1:01 am
x 18
Sexo: No especificado - No especificado

De dónde venimos (Trama)

Mensaje #1 por elTrenVerde » Jue Sep 08, 2016 12:55 am

El fin de la guerra


Cada año se celebra en muchos lugares de Occidente el día en que las tropas aliadas entraron a Fubukigakure. Se considera oficialmente esa fecha como el fin de las hostilidades. Sin embargo, más allá del valor simbólico que tuvo este hecho, si se le pregunta a cualquier veterano opinará algo bastante distinto. Según todo aquel que estuvo en el campo aquella ocasión, el día en que se ganó la guerra fue cuando las fuerzas de la Alianza rechazaron el asedio a Haganegakure.

La aldea de Acero había pasado de manos varias veces a lo largo del conflicto, siendo tomada por última vez en un gran esfuerzo de la Alianza. Con esa base de operaciones inmejorable, los generales de occidente habían comenzado un lento pero seguro avance que acorralaba cada vez más a Fubukigakure. La linea del frente retrocedía hacia el País de la Nieve, mientras los habitantes de Acero recuperaban poco a poco su tierra. Esta estrategia tenía la desventaja de otorgar tiempo a Ventisca para reagruparse y fortalecerse en su retaguardia, lo que era considerablemente peligroso.

Por ello fue que la comandancia aliada buscó dar un golpe más audaz y efectivo al enemigo, sitiando una posición minera en el monte Shiratama. Esta maniobra resultó en un rotundo fracaso. El grueso de las fuerzas sitiadoras cayó en una trampa enemiga, y las bajas fueron cuantiosas. Muchos cayeron en ese intento, y el ejercito de la Alianza debió volver a lamerse las heridas en Haganegakure. En ese momento, la primera parte del plan se puso en funcionamiento.

Rápidos de reflejos, Dosh Kinta, el Kage de Kagegakure y Nazeka, el líder de las fuerzas de Tsukigakure, orquestaron una retirada falsa, que hacía parecer muchos menos a los efectivos de la Alianza. Era un cebo para los invasores, que fue mordido con voracidad. En un retroceso que parecía desesperado, los shinobis de Occidente dejaban atrás posición tras posición. Perdían pertrechos, regalaban provisiones, cedían caminos, liberaban recursos, etc. Así deshicieron el camino hasta las puertas de Haganegakure.

Montaron a lo más potente de las fuerzas aliadas, a los ninjas y kunoichis más dañinos que podían encontrarse en las tres aldeas, en una emboscada. Y a las puertas de su reducto esperaron una avanzada que no tardó en llegar. Las fauces de la Alianza se cerraron sobre la vanguardia de mercenarios de Ventisca, haciéndola pedazos. Las armas diseñadas por las Liebres Lunáticas del País de los Astros cubrieron el cielo de proyectiles que derribaron el escuadrón wyvern. Y los titanes lucharon ferozmente aplastando a cualquier guerrero que se pusiera en su camino.

Viendo que sus tropas disminuían dramáticamente, el comandante invasor echo manó a sus nefandos servidores, y los Haganekages del pasado hicieron su aparición. Muchos dieron sus vidas para sellarlos, pero incluso esos terribles campeones fueron derrotados. Ante esa perspectiva, la locura pudo más que la razón, y el mismísimo Kenyo Satori abandonó su puesto de mando. Se lanzó directamente sobre las puertas de la villa, e hizo temblar con su presencia los corazones de la Alianza toda. Pero una vez más, su imprudencia le costó caro. Un concierto de notables shinobis aliados cayó sobre él, y ni toda su habilidad pudo sacarlo de esa pelea. Murió solo, destrozado por su insaciable hambre de poder.

Derrotado el comandante enemigo, los aliados reafirmaron su determinación, luchando hasta el final. Haganegakure fue asegurada, el ejercito invasor diezmado y puesto en fuga. En los meses siguientes, la Alianza realizó un avance incontenible para las escasas fuerzas de Ventisca, hasta arribar a Fubukigakure, prácticamente sin resistencia. El Fubukikage y su clan habían abandonado a su pueblo y a los pocos hombres que le quedaban, atenazado por la presión externa que ejercían las fuerzas aliadas y por la interna que intensificaron los rebeldes liderados por el clan Hakuta. Naturalmente, los shinobis no querían luchar por un cobarde, y el reinado de los Satori terminó.

El resto es más que historia, es la vida de todos los que siguen y el recuerdo de los que quedaron en el camino. Es la certeza de saber que si bien la ambición de un hombre puede cambiar el mundo, la resistencia de otros, ojalá más justos y más nobles, puede detenerlo.
2 x

elTrenVerde
Miembro de Akatsuki
Miembro de Akatsuki
Avatar de Usuario


Mensajes: 1591
Registrado: Mié May 25, 2016 1:01 am
x 18
Sexo: No especificado - No especificado

De dónde venimos (Trama)

Mensaje #2 por elTrenVerde » Jue Sep 08, 2016 12:56 am

El Pacto de Acero

Al finalizar el conflicto, la mayor parte de las fuerzas aliadas, incluidos sus líderes, debieron regresar a sus países de origen. Tras de si, dejaron poco más que ruinas, pues el País del Acero y el del Cristal estaban devastados por la guerra. Los refugiados forzosos, estaban ahora habilitados para volver a sus ciudades y aldeas, pero ¿Qué hacer una vez allí? Si la guerra fue el episodio más agudo de la enfermedad que sacudió a Occidente, ahora venía una etapa de convalecencia, de reconstrucción.

La Alianza no podía ignorar esto, pero tampoco podía abocarse enteramente al trabajo. Sus fuerzas estaban muy reducidas, y la situación en ningún lugar era fácil. Por todos lados estallaban conflictos menores, producto del movimiento migratorio, la presencia de desertores de ambos bandos convertidos en criminales, la escasez de productos básicos debido al largo conflicto, etc.

Los shinobis solamente no podrían mantener el control de esta situación efervescente, y todo amenazaba con terminar en una guerra civil anárquica. De modo que la única salida que podía tomarse era la unión. Los Kages de las villas acudieron a los pocos señores feudales que quedaban, bastante enriquecidos pues ahora se alzaban con los negocios de los caídos. Tras una negociación en que los shinobis se encontraban contra las cuerdas, resolvieron que los señores se convertirían en daimyō.

A cambio de que invirtieran muchísimo dinero en la reconstrucción, los señores podrían controlar un poder militar independiente. Contratarían y formarían pequeños ejércitos de mercenarios, especialmente para ayudar a la Hermandad del Metal a controlar su país. A su vez, los expertos espadachines entrenarían y adiestrarían a las fuerzas de los señores. Este trabajo en conjunto derivó en que rápidamente los feudales tomaran a su servicio samurais. Y en la práctica no era tan riesgoso, pues los ricos de una u otra manera siempre mantenían sus propias fuerzas mercenarios. Sin embargo, los shinobis comenzaban a abandonar públicamente el monopolio que habían logrado construir.

Esto no pasó desapercibido, y fue entonces que los Piratas hicieron su irrupción. Con el territorio más o menos bajo control, y con la gente ocupada trabajando en la reconstrucción gracias a los cuantiosos fondos de los feudales, el nuevo frente que se abría eran las aguas. Durante la guerra, la atención de las aldeas había estado tierra adentro, descuidando las amplias costas de los países aliados. El pillaje y los robos se habían vuelto algo común. Pero el problema mayor se activó cuando los piratas pusieron sus manos sobre los cañones que Fubukigakure estaba desarrollando antes de caer. Con esas armas a disposición, junto a todas sus variantes (pistolas, rifles, armas pesadas, etc) los bucaneros asolaban las costas e incluso se atrevían a incursionar tierra adentro.

Cuando se terminó la distracción bélica, los pillos sabían que serían el siguiente blanco, de modo que algunos se organizaron, y formaron un Almirantazgo pirata. Ofrecían a la Alianza y a los señores trabajar juntos. Los ataques de los barcos pertenecientes a la flota organizada cesarían, y los capitanes se comprometían a perseguir a los infractores. Los piratas alineados serían algo así como la fuerza naval oficial, pero conservarían su libertad para tomar encargos y misiones como los shinobis. Además obviamente del perdón de sus crímenes hasta la fecha.

Este nuevo grupo organizado era una fuerza que podía resultar útil, y la Alianza consideró conveniente aceptar sus términos a ganarse un nuevo enemigo que no los enfrentaría directamente, sino que los hostigaría durante años. Con esto, se firmó oficialmente el Pacto de Acero, entre el Almirantazgo, la Alianza y los feudales. Un acuerdo de cooperación mutua que dejaba a todos conformes pero a nadie alegre.

Muy poco tiempo después, llegaron los Sacerdotes de Ishiku, trayendo consigo todo el conocimiento de sus famosos albañiles y maestros constructores. Ofrecían libremente su trabajo, conocido en todo el continente por su calidad, para reconstruir todo cuanto fuera necesario. A cambio, solo pedían que la Ciudad Blanca fuera reconocida como una ciudad estado, con los mismos derechos que una aldea oculta.

Los principales perjudicados con esto serían los shinobis y habitantes de Kagegakure, la aldea de los renegados. Pero los feudales estaban encantados de contar con trabajadores a los que no deberían pagar, de calificación superior además. Y a los Piratas les interesaba incorporar un nuevo jugador al tablero, porque les ayudaría a desestabilizar más aún a los antiguos. Finalmente, la Aldea Oculta de las Sombras cedió, en beneficio de Haganegakure y el País del Metal. Pero consiguió por lo menos ayuda para reconstruir la mismísima Kagegakure, todavía golpeada por el desastre de Kusatta. Los Sacerdotes se tragaron su odio hacia esa aldea, y terminaron por aceptar cualquier condición con tal de ganar autonomía. Así se sumaron al Pacto también, con el mismo estatus que cualquiera de las otras aldeas aliadas.

Con esto, todas las partes trabajaban para devolver a Haganegakure y Garasugakure su antiguo esplendor, mientras mantenían la seguridad en los territorios. No era fácil, y en ninguno de los grupos había una unidad granítica, por lo que la política influía muchísimo en todas las decisiones de los adheridos al Pacto.

Esta negociación permanente, hacía despertar los mayores recelos y las más agudas suspicacias. El conflicto entre las facciones estaba a punto de estallar nuevamente. El ideal de unidad plasmado en el Pacto se perdería antes de ver la luz.
1 x

elTrenVerde
Miembro de Akatsuki
Miembro de Akatsuki
Avatar de Usuario


Mensajes: 1591
Registrado: Mié May 25, 2016 1:01 am
x 18
Sexo: No especificado - No especificado

De dónde venimos (Trama)

Mensaje #3 por elTrenVerde » Jue Sep 08, 2016 12:57 am

El Consejo de Acero


Entonces, cuando todo parecía perdido, cuando cualquier esfuerzo era vano, llegaron los Monjes. Un contingente de Shi Fu, venidos únicamente para acercar las posiciones de las facciones que pertenecían al Pacto. Al principio no tuvieron incidencia, pero luego, con constancia y efectividad, ayudaron a que muchas negociaciones ríspidas se suavizaran, y a que todo fluyera con más facilidad. La ventaja de no tener una agenda propia los envolvía de un halo de ecuanimidad difícil de ignorar.

Con los monjes como asesores y árbitros, se formó el Consejo de Acero, en el cual cada una de las facciones colocaba uno o más representantes. Había 2 shinobis por cada aldea, incluyendo Haganegakure pero no Garasugakure, pues todavía no contaba con fuerza suficiente. Participaban también 3 capitanes piratas, que hablaban por los alineados en particular y por los no-alineados en general. A los señores feudales y a sus samurais los representaban 3 daimyō. Como solo era una ciudad estado, Ishiku sentaba a 2 sacerdotes en el consejo. Y otros 2 monjes completaban los escaños. Un total de 18 miembros permanentes, solamente abocados a la tarea de decidir qué haría el colectivo de países y ciudades que firmaron el Pacto.

Esta estructura se asentó en Haganegakure, para estar más próxima a los problemas, y permitió tomar decisiones más rápidamente. El Pacto ganó efectividad y comenzaron a solucionar verdaderamente unos cuantos problemas de logística y recursos que impedían avanzar con la reconstrucción. Gracias a este órgano, la vida en Occidente podría retomar poco a poco su cauce normal. Las negociaciones dentro del Consejo seguían siendo arduas y difíciles, pero tarde o temprano se imponía una mayoría circunstancial, y los engranajes comenzaban a moverse.

Así, las aldeas y ciudades arrasadas comenzaron de nuevo. Todo el mundo tenía trabajo por hacer, y en todos lados se desplegaba una fervorosa actividad. En el País de la Nieve, los aliados descubrieron mucha tecnología nueva, y ésta comenzó a fluir por todo el continente. No fueron años de bonanza precisamente, pero sí de trabajo duro, y paz.

La estructura de poder cambió un poco, pues los señores feudales ya no dependían exclusivamente de los shinobis como fuerza de combate o seguridad. Además, había otros grupos para realizar misiones, por lo que una caravana de provisiones bien podía ser escoltada por sacerdotes, ronins o piratas incluso. También, con el botín de la guerra, algunos ninjas o mercenarios se habían enriquecido considerablemente, estableciéndose como Señores en algún punto de los países donde el conflicto golpeó más duramente.

Naturalmente, no todos los individuos apoyaban el Pacto, o acataban las ordenes del Consejo. Hay todavía rebeldes, que de momento no son un problema mayor, y las divisiones dentro de cada facción siguen existiendo. De un momento a otro, un cambio interno puede renovar representantes en Haganegakure y la política a seguir sería diferente.

Mientras tanto, la Aldea Oculta de Acero se convirtió en una gran ciudad cosmopolita, donde aventureros de cualquier tipo van de aquí para allá buscando un encargo o comerciantes acaudalados pierden su fortuna en una noche. Todo rodeado de andamios y materiales, pues siguen los trabajos de reconstrucción, aunque ya están finalizando. Cada representante del Consejo lleva su séquito de acompañantes, así que no es raro cruzarse con monjes, sacerdotes o piratas, haciéndose compañía o compitiendo entre ellos.

Todos los días hay contingentes partiendo de un lado a otro a realizar misiones, y como no hay nadie que pueda imponer su voluntad por sobre los otros, los contingentes suelen ser mixtos. Así es como se puede ver a shinobis trabajando con piratas por ejemplo, y llevando a un monje como veedor. Por lo menos dentro de los leales al Pacto, estas cosas son frecuentes, y las rencillas internas más bien escasas.

Así es como transcurre la vida, 5 años después de que el conflicto haya terminado. Todavía queda mucho por hacer, pero el fantasma de la guerra poco a poco ha ido desapareciendo. La esperanza de unidad es más fuerte que nunca, y aunque no es una realidad completa, definitivamente hay buenas señales.
1 x


Volver a “Aldea oculta del Acero”

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado